Una verbena en el colegio López Ferreiro de Santiago para festejar sus 50 años

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Dos antiguos alumnos del centro, Ortiga y Xavi Cea, animaron una jornada que pudo disfrutar toda la comunidad educativa

28 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Del CEIP López Ferreiro salieron escritores, médicos, políticos, artesanos... y artistas. Dos de ellos, Manuel González (alias Ortiga) y Xavi Cea, antiguos alumnos del colegio santiagués, pusieron todo su talento al servicio de una verbena matinal con la que se celebraron ayer los 50 años del recinto escolar. En un patio adornado con un cartel para la ocasión, las familias y el alumnado —juntos, pero no revueltos— se sumaron a la fiesta. Coincidieron así abuelos que pasaron por estas aulas y sus nietos, pasado y presente, junto con algún profesor ya jubilado y el cuerpo docente actual, los que siguen abriendo camino y escribiendo los capítulos de la historia reciente del centro más antiguo de la ciudad.

Su fundación se remonta a un real decreto, publicado el 30 de marzo de 1849, cuando se crearon las Escolas Normales Superiores en las capitales de distritos universitarios para la formación de maestros, las cuales terminarían instalándose en el pazo de San Xerome. En el curso de 1975-1976 se hizo el traslado al edificio que ocupa hoy el colegio, en la avenida de Xoán XXIII, inicialmente como escuela masculina. Entre estas paredes, diseñadas por el arquitecto Fernando Moreno Barberá siguiendo la corriente del Brutalismo, se atesoran miles de recuerdos que llevan aflorando este curso con especial fuerza, ya que se está llevando a cabo un programa de actividades para la conmemoración de las bodas de oro.

Un ejemplo de ellas son las charlas de Eu medrei no López Ferreiro, en las que antiguos profesores (entre ellos, Flor Peliquín, Beatriz Varela o Helena Villar, quienes estuvieron el jueves compartiendo su experiencia con los jóvenes) o, antiguos alumnos (ayer mismo, Ángela García) acercan a las nuevas generaciones una especie de precuela de lo que aconteció antes de que ellas estuvieran allí.

Muchos recuerdan aún el viejo patio, conocido comúnmente como pistas, «antes cheas de verde. Era un espazo enorme que ocupaba todo o que hoxe é a dársena de Xoán XXIII, e tiñamos un túnel que daba ata Maxisterio. Había unha ladeira verde, un campo de fútbol, dous de baloncesto, outro de brilé, as pistas de atletismo e ata unha zona de area para xogar os birlos, trompos... Agora a escola é moito menos verde, pero é verdade que se compensa con moita planta, flores e decoración colorida nos corredores e nas aulas, e gañamos unha horta escolar». Así lo rememoraba ayer otra antigua alumna, Ana Leyes, hoy profesora allí de Educación Física y secretaria —miembro, por cierto, de un equipo directivo conformado actualmente por tres mujeres; junto con la directora, Rosa Suárez, y la jefa de estudios, Fátima Rodríguez—.

La pequeña tele de tubo que había en la sala multiusos fue sustituida por una moderna pantalla digital, una a medida para la generación alfa, y la biblioteca pasó a ser un lugar de parada y no solo de paso. Hoy lleva el nombre de una escritora y maestra también en su día del López Ferreiro (Helena Villar), quien pudo comprobar estos días cómo un lugar al que antes solo se iba a buscar y retirar libros, hoy es un espacio que invita también a la lectura in situ y a muchas otras actividades de enriquecimiento cultural.

El mañana nos lo contarán los que hoy ponen y hacen los deberes.