María Valdés, de 33 años, dirige Adega Chaos, en la parroquia de Ribadulla
25 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El Val do Ulla siempre ha sido un enclave rico en vinos y destilados, con una larga tradición y su propia fiesta de exaltación (la cual tendrá lugar en Sarandón, los días 11 y 12). Grandes bodegas comenzaron, de un tiempo a esta parte, a adquirir cientos de hectáreas para sus viñedos y, mientras avanza la viticultura intensiva como un megalodón bajo el mar, aparecen paralelamente nuevos proyectos aliados con la sostenibilidad y la tradición. En Vedra, Adega Chaos resucitó un lagar centenario de una antigua casa señorial para alzar allí su bodega, una en la que pasado y modernidad se conjugan para producir un vino (Folía de Chaos) premiado desde su primera añada.
Salió al mercado en el 2024 y ya obtuvo la medalla de oro en VinEspaña, una plata en los Premios Baco 2025 —certamen organizado por Unión Española de Sumilleres— y el Acio de Ouro en la última edición de las Catas de Galicia, en la categoría de pequeñas bodegas de vino blanco. «Elaboramos nuestro producto desde el origen, recuperando variedades autóctonas y respetando lo que nos hace únicos: la tierra y su memoria», explican desde esta pequeña empresa familiar dirigida por María Valdés, de 33 años.
Para ellos Folía de Chaos es mucho más que un vino, es la representación de sus raíces y pretende ser un homenaje «a las relaciones rurales de antaño, la solidaridad entre vecinos para ayudarse unos a otros, en aquellas jornadas de trabajo que podían terminar en una fiesta». «Llevamos dos vendimias y somos bastante novatos, por lo que a veces las acabamos a las mil de la noche, y participa toda la familia, los amigos, los vecinos... Aunque no contamos aún con recursos para contratar a un equipo profesional, tenemos la suerte de estar rodeados por ese carácter rural solidario que tanto nos está ayudando al principio», dice una vedresa que estudió Ciencias Políticas y acabó haciendo un máster de Dirección de Empresas, pensando ya en poner en marcha la bodega familiar.
«Es algo en lo que llevamos pensando mucho tiempo mis padres [Francisco y Maricarmen], mi hermano [Xuli] y yo. Siempre hemos hecho vino para casa y surgió la oportunidad de hacernos con un viña de albariño en la zona de San Pedro que llevaba muchos años plantada. Al principio vendíamos las uvas de esta finca, pero se nos ocurrió que podíamos hacer vino y comercializarlo al ver el potencial y calidad que tenían estos viñedos. Nos pusimos a buscar un sitio para elaborarlo y lo encontramos antes ya de la pandemia. La búsqueda fue fácil, porque era una casona con una vieja bodega en San Mamede de Ribadulla que estaba muy cerca de nuestra casa. Sus dueños no tenían descendencia y la dejaron en herencia a los caseros. Se fue usando la bodega hasta relativamente poco, pero tuvimos que rehabilitar el espacio para modernizarlo», cuenta ella.
El albariño Folía de Chaos se convirtió en su punta de lanza, pero también hacen un tinto (mezcla de las variedades espadeiro, brancellao y mencía) que rebosa identidad propia. Aunque la distribución de sus vinos arrancó a pequeña escala —en comercios de proximidad como el Supermercado García en Sarandón (Vedra), Pernas (Pontevea), la carnicería Codesido (A Estrada) o en establecimientos hosteleros de la comarca—, actualmente han llegado también a Madrid, Barcelona y, «a finales del año pasado, exportamos a Noruega», indica María, quien admite que ellos fueron los primeros sorprendidos al ver el interés que había por su vino «incluso fuera de España. Ahora viene mucho extranjero que quiere visitarnos y conocer la bodega».
Recuerda con cariño María cómo, de pequeña, todos participaban en la elaboración del vino en casa de su abuela: «Yo vivía entonces en A Estrada, pero pasábamos mucho tiempo aquí. Los niños hacíamos lo que podíamos, subidos al remolque del tractor para llegar a la uva porque teníamos parra de vino catalán, del país. El mejor momento era cuando nos lavaban las piernas y nos poníamos a pisar las uvas para exprimir todo el jugo. Ahora todo ha cambiado y usamos una prensa neumática que es una maravilla, no se oxida tanto el mosto y sale más fresco. Aún así, el ambiente familiar no se ha perdido y mantenemos la tradición de reunirnos y, al final, celebrarlo picando algo y comentando cómo ha ido la jornada». Destaca la treintañera que, «aparte, contamos con el respaldo del resto de los viticultores de la zona y amigos que trabajan muy bien la viña, además de con un enólogo que es un gran profesional y no solo se ocupa del control de calidad sino también nos guía para que el vino sea mejor. Eso ha aportado lo suyo... rodearnos de toda esta gente que sabe muchísimo», concluye María.