Puli: «Si no cantas 'La Mané' o 'Soy una taza', a la gente le parece que no ha ido al espectáculo»
SANTIAGO
CantaJuego recala este domingo en Santiago en el marco de su gira por el veinte aniversario
07 mar 2026 . Actualizado a las 04:50 h.Puli Díaz Cano forma parte de Cantajuego desde el primer concierto. «Lo hicimos en el Circo Price (Madrid) y no sabíamos si iba a venir gente. De repente, se quedaron personas fuera», rememora. Del inicio se cumplen dos décadas y el proyecto lo celebra con una gira que recala este domingo en Santiago (12.30 y 17 horas, Auditorio de Galicia). «No sabemos cuándo se va a terminar, se nos van yendo unos fans, pero vienen otros», afirma el artista.
—¿El espectáculo es un repaso o también hay novedades?
—Se trata de recordar y que la gente conozca cómo fueron nuestros orígenes, saber las primeras canciones y cómo fue la evolución. Ya estuvimos en Madrid y vimos cómo funcionaba con el público, aunque ahora para la gira lo hemos hecho un poquito más dinámico sabiendo que queríamos contarle la historia a los papás, pero, al final, el motivo de nuestros conciertos es que los niños se diviertan.
—¿El reto es conquistar a un doble público?
—Claro. Muchas veces las bromas y algunos gags que hacemos son simplemente para los papás, pero no podemos olvidar que el que se tiene que divertir realmente es el niño. Intentamos que los padres y madres también disfruten y vean que también les estamos hablando a ellos porque, al final, lo que queremos es que sea una diversión familiar.
—¿Quién se sabe mejor las canciones: los niños y niñas o los padres y abuelos?
—Como muchas veces las ponen en el coche, los padres las escuchan con ellos. Además, al ser canciones de toda la vida, hasta los abuelos las saben. «La Mané», «La vaca lechera»..., son canciones de los abuelos también. Queremos que los padres bailen ya que se saben las coreografías. El sentido de Cantajuego inicialmente era que estos conocieran las canciones que hacían en el cole. Fue una herramienta de trabajo para que los profesores pudieran llevar a casa el trabajo que hacían los niños en el colegio. El espectáculo es cerrar el círculo: se lo han aprendido los dos y lo bailan juntos.
—¿Cuáles fueron esas primeras canciones?
—«La Mané», «El tallarín», «El arca de Noé»... Cuando empezamos era para niños pequeños, pero como se iban quedando con nosotros, tuvimos que hacer canciones y coreografías para niños más mayores, porque seguían viniendo a vernos con siete-ocho años. Entonces, intentamos hacer coreografías con dificultad para niños más mayores y que haya un equilibrio para que todos se diviertan.
—Veinte años y han pasado del deuvedé a YouTube. ¿Ha evolucionado mucho la manera de afrontar las propuestas para atraer a unos niños hiperconectados a las pantallas?
—La verdad es que hemos tenido que cambiar. Al principio, empezamos a gustar porque intentamos hacer las cosas sencillas y más lentas en pantalla para que el profesor tuviera la oportunidad de enseñar las canciones. Sin embargo, al pasar a YouTube y usar las pantallas, el formato tenía que ir más rápido, sobre todo los montajes de las canciones. Ahora, con el móvil, más que rápido, lo que tiene que ir es con más zum. Antes éramos seis y no cabíamos los seis en un móvil, se nos veía muy pequeños. Hemos tenido que ir recortando y salir de uno en uno o de dos en dos en los planos. Además, hay que poner la pantalla detrás porque los niños lo que quieren ver es sus propios vídeos de internet con nosotros.
—¿Cambió lo que hace vibrar a los pequeños?
—Las canciones de siempre han funcionado toda la vida. Si no cantas «La Mané» o «Soy una taza», a la gente le parece que no ha ido al espectáculo.
—¿Cuál ha sido el secreto para mantenerse estos 20 años?
—Creo que hemos ido muy poquito a poco, paso a paso. Hemos ido manteniendo la estructura casi familiar del producto y haciendo gira todos los años.
—¿Notan en algún momento que tienen que competir con Aitana, Shakira, Rosalía...?
—La verdad es que el paso de Cantajuego al reguetón es un poco triste. Sin embargo, los padres todavía son conscientes de que el niño tiene que tener su época y escuchar sus canciones cuando toca. Es verdad que, cuando se van, se van rápido. Al descubrir a Aitana ya se largan. Intentamos hacer cosas para mayores, pero cuando se van, se acabó. Vienen nuevos, que es lo que toca.