Esta pareja vio señales por el mundo y acabó en Santiago, sirviendo cafés distintos cada semana: «Fue una corazonada»
SANTIAGO
Un inglés y una valenciana se mudaron al casco histórico, dejaron atrás su trayectoria en cocinas de restaurantes de postín y abrieron aquí Cáscara Café
25 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Andrew Dagnall y Judit Rivas han trabajado en Escandinavia, Suecia, Noruega... Este inglés —criado en Málaga desde niño—, de 31 años, y la valenciana, de 30, tienen almas viajeras, van por el mundo con una sonrisa, montados en su furgo camperizada, y les encanta la naturaleza. Habían estado en Galicia varias veces, disfrutando de sus paisajes y gastronomía, y una serie de señales que se encontraron por el mundo les llevaron a mudarse a Compostela y empezar aquí una nueva vida. «Fue una corazonada», dice él. «Entre los dos, llevamos 30 años trabajando en cocina, pero siempre para otras personas. Llegamos a ocupar puestos de responsabilidad, pero nunca en un negocio propio. Nos sentíamos lejos de casa, teníamos la idea de volver a España, y cuando hemos estado viajando en furgoneta por toda Europa siempre nos hemos encontrado la imagen de Santiago, por lo que sentimos que el destino nos condujo hasta esta ciudad», relata ella.
Encontraron una vivienda en plena zona monumental y en ella también abrieron, el 9 de mayo del año pasado —una fecha grabada a fuego en su memoria—, Cáscara Café y Brunch, un local con mucho encanto situado en una plazoleta empedrada escondida en medio de la estrecha rúa da Troia (frente a la novelesca Casa de la Troya). «No sabíamos hasta diez días antes de abrir qué iba a ser, pero nos encantó el local. Es de los pocos del casco histórico con salida de humos y el precio estaba bien, así que el mismo día que lo vimos decidimos quedarnos con él», indica la pareja de cocineros. Estudiando el mercado hostelero de la ciudad y, a pesar de que venían de «restaurantes más pijos», descartaron hacer una cocina elaborada porque «comprobamos que había ya mucha oferta, y de calidad, y nos parecía muy arriesgado. Como habíamos estado en el sudoeste asiático, vimos allí muchas cafeterías de especialidad, que cuidan mucho el café, y pensamos que algo así podía funcionar aquí».
En Cáscara Café ellos cambian de café cada semana y trabajan con el género que van lanzando tres tostadores nacionales (Ineffable, de Sevilla, premio al mejor tostador de España en el 2024; San Agustín, de León; y Right Side Coffee, de Barcelona). Los no cafeteros también encontrarán allí matcha y té, chocolates, zumos de extracción en frío, cócteles de autor —como el Santiago Spritz 6.5 o el Camino de jengibre—, incluso vinos, cervezas y refrescos. Y, con la trayectoria que Andrew y Judit tienen entre fogones, la repostería y todas las elaboraciones que se sirven en sala son caseras. Especializados en brunch, hacen tostas, hasta cinco tipos de platos con el huevo como protagonista, sándwiches y wraps. Además, tienen platos calientes: desde una sopa del día a hamburguesa, bowl templado, papardelle de trufa o pad thai. Eso sí, aquí la carta es estacional porque trabajan con productos frescos, de temporada y, preferiblemente, de proximidad.
«La acogida fue muy bien, mejor de lo esperado», destacan estos hosteleros, entre cuya clientela hay tanto turistas como personas de la ciudad y confiesan que ahora, en temporada baja, les encanta escuchar hablar en gallego en su establecimiento. Su horario entre semana es de 8.30 a 19.30 (salvo los miércoles, que cierran), y los viernes, sábados y domingos se alarga hasta las 21.30. Para mantener este ritmo tuvieron que reforzar la plantilla para poder hacer dos turnos de trabajo, explica una pareja que no tiene descendencia y dice que Cáscara Café es como su hijo.