Y la cafetería Paradiso de Santiago cerró sus puertas: «Tiven aguante, non chorei, pero a emoción foi moita»
SANTIAGO
Agustín Ares dijo adiós el domingo al emblemático local de la Rúa do Vilar, del que, en las últimas semanas, decenas de compostelanos se quisieron despedir. Mientras él cerraba, fuera se sucedían los aplausos
15 ene 2026 . Actualizado a las 20:37 h.Santiago se despidió el domingo de uno de sus locales más emblemáticos, la cafetería Paradiso, en la Rúa do Vilar, por la jubilación de uno de sus dueños, Agustín Ares, quien, junto a su mujer, Socorro Pérez —y apoyados por su hijo Pablo en los últimos años—, sirvió cafés y miles de chocolates de churros desde hace décadas.
En las últimas semanas, desde que se supo el adiós, muchos compostelanos —incluidos los miembros de la corporación municipal, que ubicaron en el establecimiento desayunos informativos— no dudaron en acercarse al local por última vez. Lo del domingo, en palabras de Agustín, «foi moito; a despedida foi por todo o alto».
«O das últimos xornadas foi incrible; sempre co bar cheo ou con xente que se achegaba para dicir ''Feliz jubilación''. Cando fun pechar o domingo, fóra había moita xente preparada cos móbiles para gravar o adeus. Pechei e comezaron os aplausos. Tiven aguante; non chorei, pero a emoción foi moita», confirma.
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Fue justo antes del cambio de año cuando se supo que el 11 de enero la familia Ares daría su último servicio en el Paradiso por la jubilación de Agustín, para quien la salud pesa más que seguir bregando tras la barra, a pesar de que los infinitos recuerdos bonitos que atesoran y de haber formado una pequeña familia en torno al negocio fundado en 1976 —este 2026 cumple medio siglo de actividad— y que ellos cogieron en 1991, cuando empezaron a servir su popular chocolate.
Aunque su hijo Pablo, quien estudió en el Centro Superior de Hostelería, trabaja desde hace años en el Paradiso, no cogerá el relevo. Su padre explica que se acaba de casar con una santiaguesa a la que le ha salido un puesto en un centro sanitario en Canarias, donde empezarán su nueva vida. «El meteuse aquí para botarnos a nós unha man, mentres que non nos xubilabamos», explicaba en la noticia de La Voz que anunciaba el cierre. ¿Y se acabará aquí la historia de una cafetería llamada así por una novela del escritor cubano José Lezama Lima? Los Ares esperan que otros cojan las riendas y mantengan vivo el espíritu de un local con mucha historia.