Andrés Torres: «El humor es la única manera de afrontar la adolescencia, no es una etapa fácil»

Montse García Iglesias
Montse García SANTIAGO

SANTIAGO

Andrés Torres, humorista.
Andrés Torres, humorista. C

Padre de cuatro hijos, el humorista ofrecerá este viernes en Santiago un monólogo centrado en el comportamiento de los jóvenes

12 dic 2025 . Actualizado a las 04:50 h.

21 horas • Teatro Compostela (Antes La Salle) • Desde 16,60 euros • Los «ya voy» sin mover un pie, la falta de colaboración en las tareas domésticas, un lenguaje particular... «Los adolescentes son iguales en toda España, da igual al sitio que vaya», afirma el humorista Andrés Torres, que hoy recala en Santiago con el espectáculo «Los hijos adolescentes», una etapa que conoce bien ya que tiene cuatro hijos.

—La temida adolescencia, el terror de todo padre y madre, y usted encuentra en ella el humor.

—El secreto está en que es la única manera de afrontarla. Hay que ponerle un poco de sentido de humor a todo, porque no es una etapa fácil. Aunque todos hemos pasado por ella, cuando te toca como padre o madre es más difícil, y más ahora con las tecnologías y con todo, que están más despistados. Yo intento sacarle punta a las cosas cotidianas de cada día. En el teatro, además de sacar la punta y que nos riamos todos, es como una terapia de grupo, porque te das cuenta de que no estás solo, de lo que te pasa en casa le sucede a la mayoría de padres y madres que vienen a ver el «show». Es muy chulo el ambiente.

—Tiene cuatro hijos, ¿cuánto saca de su propia realidad para tejer el espectáculo?

—Son como mis guionistas. Sobre todo en el lenguaje, la jerga adolescente de hoy en día, que si «the chill», «bro»... A veces dicen: «Esto ya no se utiliza», y me comentan palabras nuevas. La verdad es que cada cosa que pasa en casa, pues le intento sacar punta. Es una base de datos muy importante (ríe).

—Es decir, el primer problema ya es la falta de comunicación por utilizar distintos lenguajes.

—Ellos usan anglicismos: «bro», «chill», el «outfit»..., pero lo han hecho a su manera. Hay un momento en el «show» que digo que nosotros también hablábamos de una manera particular cuando éramos jóvenes: tronco, a tus padres les decías «viejos», los más mayores eran los carrozas, que ahora somos los «boomers»...

—¿Los padres que van a los espectáculos se ven reflejados en esas situaciones?

—Sí, todo el rato. Al finalizar me comentan: «Parece que has estado en mi casa, que tengas una cámara en mi casa...; mis hijos hacen lo mismo». Con el monólogo vamos por diferentes ciudades de España y ves que todos los adolescentes son iguales. La suerte que hemos tenido con el «show» ahora es que vienen muchos chavales. Antes venían los padres, venían parejas con hijos, pero empezaron a venir adolescentes, y eso genera un muy buen rollo, porque ellos también me ayudan, me meto con ellos de buen rollo.

—Por lo tanto, no es solo un espectáculo de terapia a golpe de humor para progenitores, sino para todos los públicos.

—Obviamente. Es un espectáculo muy familiar, que eso también la gente me lo agradece, porque esa horita y media, al menos, que han estado en familia, con los niños y sin móvil.

—¿Cuándo sale el público del espectáculo ve la adolescencia de manera distinta?

—Para algunas batallas ya dicen: «Las dejamos por perdidas, porque es una lucha que no vamos a llegar a nada». La gente sale muy agradecida. Yo estoy también muy agradecido por la acogida del público en todas las ciudades que he ido, de verdad, y espero que no sea menos en Santiago.

—Lleva ya varias décadas, ¿qué es lo que le llevó al humor?

—Yo creo que desde siempre me interesó. En el cole ya era el típico graciosillo que hacía bromas, sacaba punta de todo, imitaba a los profesores... Siempre me decía: «Tengo que subirme al escenario y hablar».