Hacer negocios en Quiroga Palacios, la zona con las rentas más bajas de la ciudad: «Isto é un punto morto de Santiago»
SANTIAGO
La calle, comprimida entre el barrio de San Pedro y la avenida de Lugo, languidece económicamente tras perder una docena de bares y negocios de alimentación y a pesar de las reformas públicas
11 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.«Después te pago». Fina sale de la frutería Sita con la aprobación de la dueña y enfila su casa, en el tramo final de la avenida Quiroga Palacios. La frase, impensable ya en casi ningún negocio de Santiago, resume un barrio. Confianza, cercanía y cierta nostalgia de cuando «todos nos conocíamos». En el otro extremo de la calle, en el bar Señarís, el mensaje es otro bien distinto: «Non se fía». El cortante cartel contrasta con la afable conversación de su propietario, que lleva tres décadas radiografiando la depresión socioeconómica de una zona «que é un punto morto». El análisis urbanístico tiene todo el sentido, porque se refiere a un entramado de calles (Quiroga Palacios, Costa do Veedor, Puente la Reina, Batalla de Clavijo...) que han quedado encajadas entre el convento de Belvís y el Seminario, casi como un patio trasero del vibrante barrio de San Pedro, del que no se sienten parte; y de la dinámica avenida de Lugo, que tiene sus propios problemas de cautividad con el tráfico rodado pero una innegable visibilidad para los negocios.
Es por ahí, por la actividad económica, por donde el espíritu del barrio se desangra. El sanedrín de clientes que se forma en los pocos establecimientos que siguen abiertos hace memoria: «Estaba el bar Bergantiños; el Sil; los almacenes Cuevas; la carnicería Teo; los supermercados Madelma y Melia», recuerdan con nombres propios. Y la pescadería, la peluquería, el taller, la mercería, el quiosco, la tienda de zapatillas de Inés, el taller mecánico, Alimentación Végé —«onde vai que pechou!»— y, el más reciente en bajar la persiana, el café Costa Brava. «Ese abre y cierra, dura poco, no termina de funcionar», apunta otra voz que se suma al repaso de los negocios que han sucumbido en lo que va de siglo. «Esta calle tenía mucha vida. Éramos todos jóvenes, había muchas familias y estudiantes», sostiene otra veterana que recuerda con exactitud el día que abrió en la calle el bar de sus padres, un 12 de octubre de 1969, por lo que mañana cumpliría 56 años. «Ellos lo dejaron hace tiempo, lo alquilaron y después nada, ahí está». Cerrado. El ejercicio de memoria se atasca tratando de recordar el nombre de la taberna a la que iba mucha gente a comer cochinillo.
Ahora no va nadie a nada, entre otras cosas «porque non poden parar». El recurso fácil sería echar la culpa de este «declive» —la palabra es recurrente— al Concello de Santiago, pero lo cierto es que la avenida Quiroga Palacios recibió una renovación profunda hace menos de diez años con fondos europeos del Plan Urbana Norte, y la calle paralela, Puente la Reina, está ahora mismo en obras, pero cuando reabra es posible que ya no quede nada en pie de las tiendas que llegó a albergar. Allí quedarán plazas de aparcamiento de para residentes que por el día están vacías y que nadie de fuera puede usar, de ahí que los pocos negocios abiertos que necesitan rotación reclamen flexibilidad para dejar sitio a posibles clientes cuando los vecinos dejan espacios libres por el día.
También hay brotes verdes. Una murciana, Paulina, ha cogido en abril las riendas de un clásico del barrio, el Autoservicio Luis. «Tengo ilusión, ofrecemos alimentación y un servicio de cercanía, que hace falta, por la gente mayor», reflexiona.
Chollos con truco para comprar piso y habitaciones a precio de oro en un entorno de pensiones bajas
Quiroga Palacios se habitó en los años 60 y 70, y tuvo su momento de mayor pujanza en los 80 y 90. En el siglo XXI la biología hizo su trabajo, y los edificios de cuatro plantas sin ascensor aceleraron la migración de vecinos de siempre, siendo sustituidos por estudiantes y trabajadores extranjeros, unos perfiles que, salvo «algún mangante» que ya dejó el lugar hace tiempo, no generan el más mínimo rechazo entre los veteranos.
La cuesta que caracteriza física y socioeconómicamente a esta zona tiene su reflejo en los negocios a pie de calle, pero también en las viviendas. En Santiago ya es prácticamente imposible encontrar viviendas grandes que no necesiten una costosa rehabilitación por debajo de los 200.000 euros, pero en Quiroga Palacios algunos inmuebles se quedan muy lejos de esa frontera. En estos momentos hay varias opciones entre 120.000 y 160.000 euros (sin IVA) con un tamaño competente. Son precios bastante más bajos que los fijados en el entorno de San Pedro o de la zona de Concheiros-Fontiñas. La baja calidad de algunos edificios y la falta de servicios o aparcamiento contribuyen a una contención en la que también es determinante la falta de ascensores, una circunstancia que no afecta tanto a los alquileres, hasta el punto de que prácticamente no hay oferta. Las pocas unidades a disposición con un tamaño familiar se mueven entre los 600 y 800 euros, un precio muy alto si se tiene en cuenta que hablamos de las calles con menor renta per cápita media de Santiago —15.750 euros en el 2022, la mitad que en las principales calles del Ensanche—. A ciegas es fácil adivinar un barrio envejecido con pensiones y salarios muy bajos.
Más caliente todavía está el creciente mercado de alquiler por habitaciones, con derecho a uso de las zonas comunes de la vivienda. Hay varias que se mueven en torno a los 250 euros, pero la que marca el precio máximo alcanza los 350 euros, en un piso aparentemente muy cuidado y vistas a la Cidade da Cultura.
Desde 120.000 €
Pisos a la venta
Hay una decena de pisos en venta, la mayoría sin ascensor. No llega ninguno a 200.000 €.
De 600 a 800 €
Alquiler
En Quiroga Palacios no quedan pisos de alquiler. En el entorno están a unos 8,50 € el m2.
350 €
Por habitaciones
Es el precio de la zona en un piso renovado con vistas al Gaiás. Las hay por 250 y 275 €.