Delincuencia

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

16 ene 2023 . Actualizado a las 09:59 h.

En esta comarca y en esta ciudad el índice de delincuencia es bajo, y los delitos de envergadura, pocos, a pesar de que en las últimas semanas haya saltado la alarma vinculada a la noche, que no todos saben disfrutar.

Por supuesto que la solución no consiste en reducir el ocio nocturno a niveles de los países serios. Es un problema de educación y de conciencia social: un país va a ir mejor si todos nos acostamos temprano, madrugamos y, por cierto, hacemos una jornada continuada con una breve pausa para un sándwich o una ensalada, no hora y media para una chuleta.

Pero sí, el índice de delincuencia no debe alarmar a nadie. Y, con excepciones que sin duda habrá, policías y guardias civiles vigilan y actúan con un alto nivel de profesionalidad. Claro que la situación puede cambiar porque esos agentes tienen familia, derecho a vacaciones y de vez en cuando enferman. Y si en la comisaría de Santiago faltan cuatro o cinco personas el servicio no se resiente en demasía.

El problema se enquista en los puestos de la Guardia Civil de la comarca. Hay (o había) un cuartel donde falta la cuarta parte de la plantilla, en otro la quinta, en otro hace días estaba disponible la mitad. No se trata de aumentar el personal, sino que se trata de que los que son, estén. Y si alguien coge una baja, hay que suplirlo. Y si otro se casa y marcha de viaje de novios, hay que suplirlo. Y si un tercero tiene derecho a vacaciones y se larga a Canarias, hay que suplirlo.

Hoy, los que permanecen al pie del cañón acaban cansados o desanimados. Porque ser guardia civil -y policía también- es estar disponible veinticuatro horas al día. Sería buena cosa actuar antes de que se enteren los delincuentes.