Vuelven los desbarres de barra de bar en Santiago

Juan María Capeáns Garrido
juan capeáns SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

monica ferreirós

El eje y el alma de los locales hosteleros recupera su función social y también económica, después de salvar al sector en la anterior crisis

11 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Las barras de los bares vuelven al rescate de la hostelería, por segunda vez en poco más de una década. A partir del miércoles podremos arrimarnos de nuevo -con limitaciones- al elemento esencial que ha dado sentido a los negocios de restauración y que es el alma y el eje sobre el que pivotan las vidas de individuos solitarios, que inspira encuentros imprevistos, que da otra dimensión a las conversaciones con los compañeros de trabajo, que une a familias en torno a un par de vasos y, sobre todo, que levanta la caja del noble oficio de dar de beber y comer a los demás. Vuelven, por fin, y valga la aliteración, los desbarres de barra de bar, denostados cuando la gente culta habla de asuntos mundanos que, en realidad, son el auténtico test de antígenos para tomar el pulso de los pueblos y las ciudades y de las cosas que preocupan, convenientemente azuzadas por un titular del periódico (que no falten nunca) o de una tertulia matinal en un televisor cuyo volumen nunca está a gusto de todos.

Esa, la parte romántica, popular y práctica de los bares, se perdió en los últimos meses, con consecuencias para las relaciones sociales, pero también para las cuentas de resultados. La prohibición de usar las barras evidenció que manejar la bandeja y atender en mesa tiene sus dificultades, además de suponer un esfuerzo en tiempo y en personal en el peor momento posible, cuando los aforos y la propia dinámica vital provocaron el desplome de los ingresos. La barra es como el café o el agua, uno de los recursos más rentables del negocio hostelero, porque consume poco espacio cuando el metro cuadrado vale oro; reduce el tiempo de servicio, algo que beneficia a uno y otro lado; permite una rotación de clientela muy alta; y estimula los intercambios de pareceres, un valor intangible.

Y escribía que acuden al rescate de la hostelería por segunda vez porque en la anterior crisis, más estructural y alargada en el tiempo, nos dimos cuenta de que sentarse en una mesa para comer o cenar era algo que la gran mayoría solo se podía permitir con suerte una vez al mes, mientras que pegarse a una barra y pedir sin ataduras era otra manera más económica de estar más y gastar menos. Muchos restaurantes salvaron entonces su existencia porque, aunque los comedores estuvieran vacíos, las barras tenían el trasiego suficiente como para animar la facturación y las propinas, además de justificar el personal de cocina.