Lavacolla mejora

Cristóbal Ramírez SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

30 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace un par de años dediqué esta columna a los integrantes del equipo de seguridad que revisa mochilas y bolsos en Lavacolla. Era una crítica tan dura como honesta: la prepotencia y malas caras eran la norma, y la excepción parecía ni haberla. Tan solo el equipo de Alvedro superaba al compostelano en actitudes poco gratas.

Dicha columna motivó una réplica de alguien que aseguraba ser representante de aquellos orgullosos uniformados. Réplica escrita con el estómago, que de haberla recibido en el siglo XIX habría desembocado en duelo a pistola o espada si no fuera porque a los periodistas esas cosas nos van en la nómina. De manera que dos años atrás el firmante no solo sonrió al leer aquel texto, sino que lo agradeció porque gracias a él tuvo tema de conversación, chanzas y bromas con amigos y colegas. Otra estrella en el currículo.

Con la misma honradez que entonces, tengo que decir que en ninguno de los aeropuertos en que estuve -y estuve en varias docenas- he encontrado un equipo de seguridad tan competente y amable como el de Lavacolla hace unos días. Detectó, además, que mi hija llevaba un líquido y todo fueron sonrisas y explicaciones pedagógicas de por qué no podía pasarlo. Claro está que no soy tan presuntuoso como para creer que tal cambio de 180 grados se deba a mi artículo, si bien a uno le gustaría creer que al menos en algo habrá ayudado, aunque solo sea en un uno por ciento. Pero lo cierto es que el nivel de profesionalización ha dado un gran salto adelante en Lavacolla. Alguien les ha enseñado lo obvio: que no están para presumir de uniforme de ordeno y mando, sino para ayudar a los ciudadanos. Y solo cabe felicitarlos.