Toca quejarse

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

12 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Como es bien sabido, este es el país de la queja. Se llega al extremo de dejar el coche en doble fila, ir a comprar algo o a tomar un café «rapidito» y cuando a la vuelta está sujeta en el limpiaparabrisas la correspondiente multa, enojarse porque “solo piensan en recaudar”, frase escuchada también a uno que pillaron a 148 en la autopista. O sea, yo hago lo que quiero y la sociedad no tiene derecho a recriminármelo.

Si uno coge el periódico -sanísima costumbre que nunca se perderá del todo si se busca información veraz y no la basura que inunda las redes- verá que aquel ciudadano se queja de que no se presta suficiente atención a tal enfermedad, este otro porque no lo han llamado todavía para vacunarse, un tercero pone el grito en el cielo porque Bugallo tomó tal o cual decisión (y encima, sin consultarle) y al conselleiro de Cultura (o a cualquier otro) se le reclama lo que cualquier indocumentado asegura que le pertenece, obvio, si lo sabrá él. Y vaya completando la lista con los titulares del periódico de hoy, que, por cierto, solo recogen lo que dicen y hacen los ciudadanos.

Así que queremos que haya más funcionarios, que tengamos pensiones dignas (?), que los profesores de refuerzo se queden para siempre, ídem los que curran en la sanidad. Y los del Consorcio, para no ser menos. Eso sí: que nadie me suba los impuestos, que el tonto del haba de Sánchez saque el dinero de donde quiera. De lo que cotizan los daneses o alemanes, por ejemplo, que esos son ricos y solo saben trabajar y no disfrutan de la vida.

Y ahora que ya ha acabado usted de leer estas líneas ya puede quejarse de que dejen escribirlas sin censura previa. Porque de algo hay que quejarse, digo yo.