Cuatro relojes de sol marcan la hora en la Catedral y el Hostal desde hace 420 años

JOEL GÓMEZ SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Los más antiguos de la provincia, que datan de los siglos XVII y XVIII, están en Santiago, Melide y Padrón y se reivindica su valor patrimonial, histórico y cultural

29 jun 2021 . Actualizado a las 00:38 h.

En el claustro de la catedral de Santiago se conservan tres relojes de sol; y otro más, triple por las características de su orientación, en el Hostal dos Reis Católicos. Los cuatro marcan la hora desde 1601. Promovió su construcción Fray Marcos, un experto por sus conocimientos en la materia, y son los más antiguos de la provincia. Les siguen en antigüedad el de la capilla de la USC, en Mazarelos, de 1647; el de Santiaguiño do Monte de Padrón, de 1731; el de la iglesia de San Pedro de Folladela, de Melide, que se estima es de 1735; el compostelano del claustro del convento de San Domingos de Bonaval (ahora Museo do Pobo Galego), de 1744; el de la fachada suroeste del santuario padronés de A Escravitude, de 1745; y también en Santiago el de la capilla de Nosa Señora de Belén de Santa Cristina de Fecha, de 1767.

Así consta en el catálogo elaborado por José M. Yáñez y Antonio J. Cañones, publicado por la Deputación da Coruña, con el título Relojes de sol en el patrimonio construido. Civil, religioso, militar y etnográfico de la provincia de A Coruña. Incluyen 587, 92 de ellos con fecha. Los más recientes, y entre ellos también hay algunos de las comarcas de Santiago, son de este siglo. 

Rico patrimonio

Ambos estudiosos reivindican el interés de estos ingenios, utilizados para medir el tiempo. Los califican como un rico patrimonio, en riesgo de desaparición, y defienden que se restauren y se conserven, como ocurre en otros lugares. Son la base incluso de una ciencia, la gnomónica, relacionada con la astronomía, las matemáticas y la tecnología, indican. Porque parte de estos relojes ya no se usan y están abandonados, o muy deteriorados; y varios de ellos se pueden restaurar sin mucha dificultad y resultarían atractivos, además de su interés cultural, patrimonial e incluso para explicar los avances del conocimiento, indican.