Miguel Fernández: «Santiago es una ciudad diferente para el deporte de alto nivel»

El director general del Santiago Futsal llegó sin saber qué era un doble penalti y se va conociendo todos los entresijos


El Santiago Futsal visita esta tarde al Elche, a las 19.30, y cerrará la temporada la semana próxima en casa ante el Alzira. Serán los dos últimos partidos de Miguel Fernández en el club, después de 17 años. Empezó en el área de la comunicación y pasó al de la gestión en los años más duros de una entidad, que sigue peleando por su supervivencia pero que no ha podido evitar el descenso a Segunda B.

-¿Cuando llegó sabía qué era un doble penalti?

-(Risas) No. Solo había visto un partido de fútbol sala, el año anterior, en los cuartos de final de la Copa de España en Sar.

-¿Debutó en la Copa del año siguiente, la de Estella-Navarra?

-Empecé en diciembre de 2004 en el campus de Nadal. Pero ese fue el primer gran evento.

-¿Fue ahí cuando los jugadores le hicieron la novatada?

-Fue al año siguiente, en Zaragoza, cuando ganamos el título. Pitu se hizo pasar por periodista pidiendo que valorase a los jugadores, asegurándome que no se iba a publicar nada, que era para algo interno. Curiosamente, a él le di la peor nota (risas) ¡Y al final fue el que marcó el penalti del título! Manu y él siempre me lo recuerdan. Era muy joven, un blanco fácil... Y había muy buen ambiente en aquel grupo.

-En el recuerdo de las batallas no se puede pasar por alto la Recopa en Nis y el viaje de vuelta.

-Este club me deja experiencias inolvidables. Recorrí toda España y me dio la oportunidad de conocer también Kuwait, Tailandia y Japón, además de aquella Recopa en Serbia. Fue algo único, aunque la organización no estuvo al nivel. El autobús que nos tenía que llevar de Nis a Belgrado (más de 200 kilómetros) no apareció. Solo llegó el que debía trasladar al Montesilvano, que tenía vuelo mucho más tarde que nosotros. Era un bus de dos pisos y pudimos ir los dos equipos. Pero se echaba el tiempo encima, iba despacio. Hice colecta del dinero, en moneda local, que no habíamos podido gastar. El conductor no hablaba inglés, pero entendió cuando le puse los billetes. Cogió velocidad y llegamos por los pelos.

-Supongo que en el capítulo de las batallas no podemos olvidar aquel partido ante el Jaén que pudo haber sido el último ¿Cómo lo recuerda?

-Del partido no recuerdo nada, pero sí de que había mucho movimiento en el palco, muchas llamadas. La situación económica era muy delicada y el ultimátum permitió salvar un match ball y pagar varias nóminas.

-En diecisiete años ha tenido dos presidentes ¿José Antonio Lobelle fue un gran mecenas que no supo frenar?

-Sí, estoy de acuerdo. Los títulos nacionales e internacionales del club para esta ciudad llegaron en su presidencia. El final fue triste. Ramón García cogió la directiva para que el barco siguiese navegando, pero con una mochila de problemas importantes que aún hoy estamos pagando. En la memoria van a quedar los títulos. Pero la etapa de Ramón también tiene un gran mérito, aunque nadie le vaya a dar las gracias.

-Asentar proyectos deportivos de élite en Santiago es sumamente complicado.

-Es difícil. Primero diría que no somos empresas al uso. Somos generadores de emociones y de un ocio sano. No podemos olvidar que es deporte y en deporte no siempre puedes estar arriba. Y hay una limitación poblacional. En Santiago somos menos de 100.000 habitantes.

-¿Diría que le da más el deporte a la ciudad que viceversa?

-Es una ciudad diferente para el deporte de alto nivel, con una gran oferta. El mérito del Compos es impresionante. Ha sabido rehacerse y es un proyecto muy respetado. Para el Obradoiro no hay palabras. Compite contra trasatlánticos y ahí sigue. Son diez años en la ACB y estoy convencido de que continuará. Es una locura. Pero también están el Arteal y el tenis de mesa, el Victoria en el fútbol femenino y un largo etcétera. Detrás siempre hay gente que tira para delante de los proyectos con mucha fe y fuerza. Llamarles locos es un poco fuerte, pero esa locura le da mucho al deporte. Y tampoco podemos olvidar a la afición, que se identifica mucho con sus equipos.

-¿Por qué se va?

-Porque es el momento de empezar una nueva etapa y creo que será bueno para las dos partes. A lo largo de estos años tuve oportunidades. Pude vivir más tranquilo, pero creo en este club y en los valores que transmite. Ahora necesito un cambio, aunque todavía no sé qué haré en el futuro. Diecisiete años son muchos. Y este ha sido muy duro, con el accidente de Ramón, con todo lo del covid-19. Tuve que acumular más trabajo y más responsabilidades. Estos jugadores nunca han podido hacer una comida de grupo. Ni siquiera hay un vestuario. Se tienen que duchar en casa. Han tenido viajes de nueve horas en bus sin sacarse la mascarilla. Es una temporada de mucho desgaste.

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