Los feriantes ponen el foco ahora en los concellos para retomar su actividad

Carla Elías Martínez
Carla Elías FERROL / LA VOZ

SANTIAGO

Tras la autorización de la Xunta con reducción de aforo, el sector de las atracciones reclama que realmente se les permita funcionar, al igual que en otras comunidades

26 abr 2021 . Actualizado a las 18:54 h.

Luis Pereira lleva dos meses con su pista de coches de choque funcionando los fines de semana con medidas de seguridad. Cierra a las nueve y media por el toque de queda, su atracción está vallada, con control de acceso, hidrogel tanto en la entrada como en la salida, y solo puede sentarse un niño en cada coche, salvo que acceda con su progenitor. Eso sí, está trabajando a casi 400 kilómetros de su casa. Pereira es un feriante de Padrón, pero su trabajo está ahora en una feria de Zamora. «Xa levamos dous meses alí e aínda temos permiso ata o 16 de maio, e como non temos onde ir...», lamenta. Como sus compañeros del sector ve con recelo los cambios en la norma que prohibía esta actividad en Galicia.

Espacios con aforo reducido -hasta 500 o 1.000 personas según el recinto-, con puntos diferenciados de entrada y salida, con una ocupación máxima de las atracciones que permita mantener la distancia de seguridad -se reduce el aforo un 50 % en las atracciones con asientos y un 30 % en las que no cuentan con ello-, y será la organización la que no deba permitir la presencia de personas que incumplan la normativa. Son algunas de las medidas que establece la norma publicada en el DOG con la que se autorizó desde el pasado viernes las atracciones de feria.

Pero solo en el papel, denuncian los profesionales del sector. No creen que la normativa vaya a favorecer que puedan funcionar este verano, ya que dependen en gran medida ahora de los concellos. «Nosotros no tuvimos prohibición el verano pasado para trabajar, y no trabajamos. Cuando Feijoo dijo en Junio que se permitía hacer fiestas no se celebró ninguna, ahora queda a cargo de los ayuntamientos», lamenta al respecto Juan Balsa.

Este feriante residente en Sada cuenta con una pista de coches de choque. Lleva ligado hasta sector familiar desde pequeño y nunca había vivido un momento igual. «Mi último ingreso fue a finales de septiembre del 2019 en la fiesta del Cristo de O Porriño», recuerda. Su situación se suma a la de su mujer, monitora en un comedor de un colegio de Sada, eventual por lo que también estuvo en ERTE. «Es una incertidumbre horrible. Pero que no se equivoque nadie, la incertidumbre sigue siendo la misma. Llevamos un año intentando demostrar que no necesitamos que haya fiestas para poder desarrollar nuestro trabajo, para tener alguna alternativa, pero no nos lo han permitido. Eso sí, discotecas y ocio nocturno en verano sí. Ahí hay que sacar la mascarilla, y en nuestro negocio no», denuncia Balsa.

La falta de ingresos ha obligado a muchos feriantes a buscar otros negocios para tratar de paliar la crisis. «Mucha gente se ha buscado trabajos de cualquier cosa, de lo que se le dé bien o de lo que encuentre, en lo que les iba saliendo», explica Tomás Martínez, ferrolano presidente de la Asociación Gallega Industriales Feriantes, al frente de un toro mecánico. Denuncia que la pandemia sanitaria les dejó sin ingresos y con gastos durante veinte meses, algo totalmente inasumible, mientras que en otras comunidades sí se pudo trabajar en recintos solo para atracciones.

La prohibición entró en vigor el 22 de octubre y Galicia es la única comunidad autonómica con dicha prohibición. Aún así, el verano previo nadie pudo trabajar. Pereira explica que el verano pasado su familia solicitó autorización a todos los ayuntamientos, hubiese o no fiestas o verbenas. «Por lo menos que nos deixaran montar ao 30 %. O ano pasado non tiñamos toque de queda nin nada. Eu creo que non imos facer nada, pero algo teñen que dicir», recuerda.

Ahora todos tienen claro que la siguiente batalla está en los ayuntamientos. «A incerteza sigue igual. A Xunta autoriza que nos instalemos, pero onde hai un recinto feiral aquí en Galicia? A Xunta autoriza, pero despois necesitamos que o Concello tamén autorice, se non quere, por moito que a Xunta autorice...», valora Pereira.

Sonia Santos, feriante de Narón, gerente de un saltamontes, cree que «ya era hora» de que eliminasen la prohibición, pero ve con «recelo» la normativa. El primer día de su publicación se pasó horas estudiando los artículos. «Dejan muchas cuestiones en el aire. Hay un protocolo a nivel nacional, aprobado por Sanidad y la Federación Española de Municipios y Provincias al que no hacen alusión en la publicación de la Xunta», lamenta la naronesa. Al igual que sus compañeros del sector, considera que es muy importante ahora involucrar a los ayuntamientos para realmente volver a reactivarse. «Ahora la batalla es con los ayuntamientos, pero por parte de la FEMP van a poner de su parte y van a apoyar al sector», indica Santos.

Parques cerrados

Martínez recuerda que hace meses ya se planteó la opción de poner en marcha los parques para feriantes, algo que no fraguó por la prohibición para el sector, pero que se podría retomar ahora. «Es una iniciativa que ya se planteó hace tiempo es hacer parques, en los que cada atracción puede estar cerrada y callada, con su aforo, entrada y salida, sus dispensadores, cada vez que se bajen unas personas y otras desinfectar asientos y barandillas... Esto se planteó hace tiempo, pero como había una prohibición no llegó a nada. Ahora que se levanta el veto puede llegar a algo, pero tienen que participar los concellos», añade.

Las empresas de servicios de fiestas protestarán el miércoles en el Parlamento 

Otro de los sectores especialmente perjudicados por esta pandemia son los relacionados con la fiesta popular, todos los servicios necesarios para llevar a cabo una verbena tradicional, también paralizadas por la pandemia. «Queremos que se prepare a maneira de facer unha festa, hai que ter en conta que conleva varios meses, deberíamos estar cerrando xa», indica el presidente de la Asociación de Servicios de Festas de Galicia, José Veiga, al frente de una empresa que sirve el hielo a los cantineros. A esta entidad están ligados «todos os servizos, electricistas, carpas, fogueteiros, vallas... todo o que engloba para celebrar a festa, agás a orquestra e os axentes», explica Veiga. Estima que en Galicia hay unas 450 empresas relacionadas con este segmento de actividad, del que viven unas 4.600 familias y, antes de la crisis, suponía el sector que más facturaba de las fiestas.

Señala que tienen dos problemas, la falta de interés de la Xunta de Galicia, y el interés por responsabilizar a los organizadores y no al público de cumplir las medidas de seguridad. «Ata que a Xunta diga que se poden facer festas, ninguén se vai animar. E hasta que responsabilice ao público e non ao organizador, non pode haber festas», lamenta Veiga. Desde la entidad denuncian que el protocolo de seguridad es inviable. «Non é coma na hostalería, que si estas sen a mascarilla cáeche a ti a sanción, e que si nunha festa hai mil persoas sen ela, ao organizador pódenlle caer mil multas. E hai outro punto do protocolo que, no caso de calquera incumprimento instantáneo, que unha persoa se saque a súa mascarilla, que se xunten varios non convivintes... as forzas de seguridade do Estado teñen orde de cancelar a festa», denuncia.

Unas trabas que, junto con las restricciones de los aforos, hacen inviable la reactivación de este sector.

Denuncian que en este año y medio de crisis la Xunta no les haya concedido ninguna ayuda para su sector ni haya fraguado ningún plan específico, a pesar de haber llevado a cabo reuniones de trabajo para ello. «Nós si somos o primeiro sector parado, viñamos dun descanso dende setembro do ano anterior. Prometéronos financiación de Europa que despois nunca foi para o noso sector», lamenta. Por todo ello, no cederán en sus reivindicaciones y la entidad convoca una concentración el miércoles 28 en Santiago, delante del Parlamento, a las 9.30 horas, para reclamar una reunión con el vicepresidente de la Xunta Alfonso Rueda.