¿Por qué las mujeres denuncian menos si la violencia machista no afloja?

m. carneiro A CORUÑA / LA VOZ

SANTIAGO

Imagen de archivo de una manifestación contra la violencia machista
Imagen de archivo de una manifestación contra la violencia machista MONICA FERREIROS

Con la crisis cerrando salidas, las órdenes de protección y llamadas al 016 crecen

12 abr 2021 . Actualizado a las 09:43 h.

«Primero fue el confinamiento y después llegó la crisis. Eso explica bastante las cifras», dice una trabajadora social de un centro de información a la mujer de la comarca de Santiago sobre el desplome de las denuncias por violencia machista. Para miles de mujeres, aguantar sigue siendo menos peligroso que decir hasta aquí. En el 2020 el número de víctimas que se acogieron a su derecho a no declarar en contra de sus agresores en los juzgados de la provincia de A Coruña creció el 270 %. Las denuncias acabaron sobreseídas, o los acusados absueltos por falta de pruebas. «Los ERTE, los cierres de negocios, la crisis agudizó la violencia», afirma Nieves Castañón, desde el CIM (Centro de Información á Muller) de Carballo. El empleo femenino, en sí más sumergido, precario y temporal que el masculino, fue el primero en caer en el estado de alarma y, sin ingresos, la esperanza de vida independiente se desvanece.

El desconfinamiento

El año aciago del covid se cerró en la provincia con 2.524 denuncias (2.788 en el 2019) y 71 niños tutelados víctimas de violencia machista. De junio a diciembre, con la libertad de movimientos a ensayo, las denuncias se dispararon. «Durante el confinamiento hubo una disminución de denuncias y de asistencias letradas importantísima y a la vez un aumento significativo de llamadas al 016, que puede parecer incongruente pero no lo es», dice la abogada Beatriz Núñez, coordinadora del turno de guardia para casos de violencia machista del colegio coruñés.

«La conclusión es que ya que el objetivo del agresor es subyugar a la víctima y tener un control pleno sobre ella, durante el confinamiento, al estar en casa y no poder salir, pudo ejercer ese dominio sin cortapisas y sin emplear la violencia física. Funcionaron otros mecanismos», explica la abogada. «Al salir se produce un bum de todas esas mujeres que estuvieron aguantando meses encerradas con su maltratador», coincide Castañón. «Después del verano recibimos una cantidad enorme de solicitudes de ayuda, muchísimas más que otros años, probablemente como nunca», explica la psicóloga M.ª Luz Losada, coordinadora del servicio gratuito de atención a las víctimas ofrecido por el Colegio de Psicólogos de Galicia.

Las medidas para proteger a mujeres y niños también repuntaron: 954 reciben asistencia en la provincia, frente a las 782 del año anterior; 26 de ellas, 10 más que antes de la pandemia, con dispositivos telemáticos para detectar la posible cercanía del agresor.

 Nieves Castañón: «No hay plazas de acogida suficientes, muchas personas no tienen a dónde ir»

 

 

Nieves Castañón es trabajadora social en el Centro de Información á Muller (CIM) de Carballo. Alrededor de 70 mujeres reciben protección en su área geográfica.

-¿Cómo llegan las víctimas de violencia machista al CIM y qué les proporcionan?

-Cuando llegan están completamente desubicadas. Les prestamos asesoramiento general y después las derivamos a la psicóloga y a la abogada. A nivel social se tramita lo que sea necesario. Si no tiene a dónde ir, se busca una plaza de acogida. Si tiene domicilio, dependiendo de cada caso, se orienta a las ayudas de la Secretaría Xeral de Igualdade, que pueden ser periódicas o de pago único, a la RAI y ahora también al ingreso mínimo vital que tiene condiciones especiales para víctimas de violencia. Para alquilar piso podemos tramitar el bono de Aluguer y luego, ya en función de las necesidades, si hay niños pequeños por ejemplo, tramitamos guardería y otros programas de emergencia.

-¿Qué hace falta?

-Sería bueno que hubiese más recursos de acogida. No hay plazas suficientes y son muchas las personas que no tienen a dónde ir y necesitan un lugar. También el acceso a través del CRI de Santiago, que centraliza la acogida, implica trámites burocráticos que dificultan el trabajo.