Echa a andar, a paso lento, la temporada turística en el Camino de Santiago

Más de 300 compostelas se sellaron al inicio, en Semana Santa, de una campaña sujeta al cierre fronterizo


melide / la voz

El Camino de Santiago empezó a desperezarse del letargo invernal. Pero lenta, muy lentamente; mucho más de lo deseado, aunque lo esperado con la comunidad cerrada, en los negocios que, en su día, abrieron sus puertas, bendecidos por el auge como revulsivo para la actividad turística del primer itinerario europeo de peregrinaciones. El freno en seco que la pandemia le echó al crecimiento, sin interrupciones, de la ruta jacobea lo padece, desde hace un año, un sector que no las tiene todas consigo para pronosticar una mejor temporada que la anterior. La Oficina de Acogida al Peregrino de Santiago expidió esta Semana Santa -entre el jueves y el domingo- 320 compostelas, que, aún sin ser una cifra comparable con las de los años previos a la pandemia, suman más que durante los tres primeros meses del año.

El vacío en el Camino de Santiago lo conocen bien en los albergues, los negocios probablemente más castigados por el parón turístico, al ser un tipo de establecimiento estrechamente ligado a la experiencia jacobea, y, por otro lado, los más afectados por las restricciones en los aforos. A pesar de que la Xunta mantiene cerrados los refugios públicos en apoyo a los de gestión privada, la afluencia de peregrinos no es suficiente para salir adelante. Coincidiendo con el inicio de la temporada alta en el Camino, la Asociación Galega de Albergues Privados (Agalber) facilitó, a través de su página web, una relación con los establecimientos asociados que abrieron sus puertas. Lo hicieron «o 25 por cen dos 103 que somos», apunta el presidente del colectivo, Miguel Ángel Rodríguez Aira, para explicar, al respecto, que «con un 30 por cento de aforo nas habitacións múltiples, non é rendible abrir para catro días nos que apenas podes meter xente». Aira testimonia los datos que manejan en la Oficina de Atención al Peregrino de Santiago. La mayoría de los peregrinos que recorrieron el Camino la pasada Semana Santa fueron gallegos, aunque su estancia en los albergues «foi residual. Tampouco -puntualiza- esperabamos gran cousa».

Las expectativas para el resto de la campaña «son de supervivencia», afirma, tras contar que «para las próximas semanas, apenas hai reservas, moi poucas e volátiles para xuño, xullo e agosto, e máis, e con menos cancelacións, para setembro e outubro». Así, «no temos previsión de que vaia ser mellor que o ano pasado, senón que, incluso, un pouco peor, xa que logo do confinamento domiciliario, houbo una situación de moi poucas restricións», apunta. Miguel Ángel Rodríguez Aira considera que «o punto de inflexión na afluencia vai ser a apertura da comunidade». La incerteza en torno a la evolución de la pandemia sigue sumiendo en la incertidumbre al sector, en el que «intentamos aguantar con moitas dificultades económicas», cuenta el presidente de Agalber, desde donde trasladaron a la Xunta la necesidad que tienen los albergues de que «esas restricións máis severas que temos se vexan acompañadas de máis axudas, porque temos as mesmas que o resto».

«Para el covid está perfecto, no te encuentras a nadie, vas tú solo»

El cierre de la comunidad está ofreciendo a los gallegos la ocasión de descubrir el Camino de Santiago, y de disfrutarlo, además, sin la masificación que cabría esperar en año santo. Alexia y Rodrigo son dos de los paisanos que aprovecharon esa oportunidad, y, desde principios de semana, recorren el tramo gallego del Camino Francés, acompañados por su perra Leira. «Muy bonito, y para ir con ella, genial ahora, la verdad, porque no hay nadie, y, además, con el tiempo tuvimos hasta hoy muy buena suerte», contaban, a mediodía de este sábado, estos dos vecinos de O Grove, en el receso que hicieron en Melide. «Para el covid está perfecto, no te encuentras a nadie, vas tú solo andando», apunta él. Y «es el único tipo de vacaciones que podemos tener ahora mismo», añade ella. Alexia y Rodrigo corroboran que los albergues públicos están cerrados, y dentro de la oferta privada, pernoctan, obviamente, en establecimientos que admiten mascotas. Y, según cuentan, no hay muchos.

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