Un propietario de un parque de ocio infantil: «Antes de la pandemia facturaba 19.000 euros en un mes bueno, pero ahora no llegas ni a mil»

Iñaki Leza tiene un parque infantil en Santiago que lleva meses cerrado

El propietario del Moonlight Park tendría que dividir grupos y contratar más monitores para reabrir
El propietario del Moonlight Park tendría que dividir grupos y contratar más monitores para reabrir

santiago / la voz

El de Iñaki Leza es uno de esos negocios a los que no les salen las cuentas. Y es así desde que llegó la pandemia y los más pequeños pasaron a estar más tiempo dentro que fuera de casa. Leza es el propietario del Moonlight Park, un parque de ocio infantil en Santiago que hasta que llegó el covid vivía de cumpleaños y demás fiestas, pero que desde entonces resiste los cierres y la falta de actividad como puede.

Mientras que otros negocios, como los hosteleros, aprovecharon la desescalada del pasado verano para reabrir y facturar lo que no habían facturado antes, en el caso del Moonlight Park no fue así. «Para nosotros es temporada baja porque los niños de Santiago se marchan a la aldea o a segundas residencias», explica Iñaki.

Con el inicio del curso, el espacio de ocio infantil reabrió con mucha menos gente de la que tendría en un mes de septiembre normal. Incluso avisando a la gente que ya había pagado las reservas, apenas se celebraron cumpleaños por el miedo de las familias. «Nos decían que iban a llevar a los hijos al colegio, pero que de momento no acababan de ver lo de los cumpleaños», apunta el propietario.

Por aquel entonces, la incidencia del virus se mantenía más o menos estable, aunque las restricciones complicaban sobremanera el trabajo normal: los grupos eran de máximo diez pequeños y los parques tenían que seguir unos protocolos de limpieza, por los cuales se comprometían a la desinfección constante de los espacios y a un repaso general de todo el parque al final de la jornada. «Antes de la pandemia facturaba hasta 19.000 euros en un mes bueno, como octubre, pero con la situación actual no llegas ni a los mil. La gente estaba con mucha desconfianza y ya con la llegada de la segunda ola tuvimos que cerrar», señala Leza, que no ha vuelto a abrir desde octubre. «Tengo un acuerdo favorable con el casero y si no fuese por su comprensión, no podría hacer frente a esta situación porque tal como están las cosas no puedo abrir ni aunque quiera», añade Iñaki.

"Tengo un acuerdo con el casero y si no fuese por su comprensión, no podría hacer frente a esta situación porque tal como está las cosas no puedo abrir ni aunque quiera"

Las actuales restricciones le obligarían a trabajar con grupos de cuatro en interiores y de seis en exteriores. «En principio, el grupo puede ser superior: podríamos trabajar con 15 niños, por ejemplo, que es el cumpleaños estándar que solemos tener, pero habría que subdividirlos», indica Iñaki. En su caso, tal reparto sería posible gracias al tamaño del local -una nave de 700 metros cuadrados en el polígono de Costa Vella- y al reparto de espacios que tiene el parque.

De esa forma, podría repartir a los grupos de tal en turnos que fuesen rotando por las camas elásticas, los toboganes o el rocódromo, pero para ello habría que contratar más personal. Además de Iñaki, en el Moonlight Park trabajan dos monitores (uno a tiempo a completo y otro a tiempo parcial) y según los cumpleaños se contratan refuerzos a través de una ETT. Esos dos empleados están ahora en ERTE y Leza sobrelleva el cierre con las ayudas por cese de actividad y otras de la Xunta.

Reapertura

En cuanto a una posible reapertura, este propietario prefiere esperar a ver cómo van las cosas y si llega o no una cuarta ola. Por el momento, dice, volver al trabajo implicaría una serie de gastos que lo hacen inviable ante la poca demanda que está habiendo. «En cuanto abra, me vuelven muchos gastos y con estas restricciones a mi los números no me dan». ¿Y el futuro? Leza cuenta que sabe por otros compañeros del sector que en algunas zonas, como Ferrol, las familias ya se están animando y contratando cumpleaños poco a poco.

La tendencia del sector, dice, está siendo trabajar con menos grupos que antes para darle más seguridad a las familias, pero en locales como el suyo resulta inviable por los costes que tiene. «Hay compañeros con parques más pequeños que pueden reabrir con un cumpleaños o dos, pero yo con el alquiler que tengo necesito gente», concluye Iñaki.

El sector cifra en un 40 % las empresas cerradas por la crisis

El pasado junio un grupo de empresas de ocio infantil y tiempo libre puso en marcha la primera asociación del sector (ASEGa) y desde entonces ya son unas 70 de toda Galicia. «Foi algo moi positivo porque non existía nada así. Todo isto serve para sumar forzas e conseguir axudas que nos permitan seguir abertos», explica su presidente, David Neira, que cifra en torno a un 40 % el número de locales que han tenido que echar el cierre a causa de las complicaciones para trabajar.

«Non se está celebrando nada e quen fai algo, faino na casa», señala Neira. Y a ese miedo de las familias a la hora de festejar, así como a las restricciones en cuanto al tamaño de los grupos de niños, se suma otro problema importante: el mal momento que vive la hostelería. «A súa situación non é boa e iso tamén nos afecta porque vivimos moito de ir facer o coidado dos nenos a restauracións e así», subraya el presidente de la asociación.

El sector también agrupa a otros profesionales como los animadores infantiles que hacen actividades para otros negocios o los que organizan, por ejemplo, campamentos urbanos. Aunque su profesión no está estrictamente ligada con la conciliación, en algunos casos sí que tiene algo que ver y ni siquiera ahí han tenido movimiento durante estos días festivos. «Os pais e nais aprenderon durante a pandemia a xuntar os seus fillos cos de outros veciños. E moita xente quedou sen traballo ou está en ERTE, así que esta Semana Santa non hai tanto problema para conciliar», indica David Neira.

Reunión con la Xunta

La asociación ha mantenido varias reuniones con el vicepresidente primero de la Xunta, Alfonso Rueda, y la conselleira de Emprego, María Jesús Lorenzana, con el fin de conseguir un acuerdo de ayudas específicas para el sector. Sus empresas, así como otras que también se enmarcan en su actividad —como los propietarios de hinchables que los alquilan para fiestas infantiles—, se han podido acoger a una línea de apoyo concreta cuyo plazo de solicitud terminó a mediados de marzo.

«Son entre 1.500 e 3.000 euros por negocios e a mediados de abril deberían de estar todas cobradas», apunta el presidente de ASEGa, que cuenta que el pago está yendo bastante rápido «dentro do que cabe» y destaca la importancia de recibir ese dinero lo antes posible para evitar más cierres. «Se queren manter os negocios abertos, as axudas teñen que ser inmediatas», añade.

Por otro lado, este primer colectivo que agrupa a las empresas del ramo en Galicia también ha aprovechado sus reuniones con el vicepresidente y la conselleira de Emprego para avanzar en otras cuestiones clave para su futuro, como la regularización y reestructuración del sector que esperan que «se produza coa saída dun decreto lei».

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Un propietario de un parque de ocio infantil: «Antes de la pandemia facturaba 19.000 euros en un mes bueno, pero ahora no llegas ni a mil»