Los zuecos que están de moda se hacen de manera artesanal en un taller de Sigüeiro

Eva Carreira y Luis Millán trabajan desde hace diez años en la creación de piezas personalizadas y llenas de colorido


La casualidad, o quizá más bien estar en el lugar preciso en un momento concreto, hizo que Luis Millán y Eva Carreira pusieran en marcha un negocio que parecía estar muerto. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Hace diez años comenzaron a fabricar de forma artesanal zuecos, después de documentarse y visitar diversos viejos talleres. Todo fue un cúmulo de casualidades. En uno de los locales de la rúa das Ameas, en la Praza de Abastos, había un comercio que vendía zuecos. «O señor era moi maior, e uns días abría e outros pechaba. A xente viña a preguntarnos a nós, e pensamos en que podiamos facer algo». Así cuenta Luis Millán cómo comenzó a fraguarse el negocio. Él regenta el taller de reparación de calzado de la Praza de Abastos, y se puso manos a la obra para aprender todos los detalles de ese viejo oficio. «Un señor de Negreira abriunos as portas da súa casa e deixoume os patróns. Enxeñoume a facer os zocos, e despois Eva puxo a cor. Fai todo o traballo», destaca. La diferencia entre los zuecos de Zoclos y los de otras líneas es que los de Eva y Luis son totalmente personalizados. «Fanse como antigamente, co número do pé o cos centímetros. Os paus fainos un artesán da Ponte Ulla, e Eva pon o coiro de cores». La parte del botín se elabora con el material que escoge el cliente en el taller de Eva, en Sigüeiro. Por eso, cada zueco que sale del taller es único: «Non se fan dous iguais. Cada un leva o seu». Aunque a simple vista pueda parecer que los zuecos no son cómodos o que su excesiva rigidez puede dificultar la adaptación, Luis asegura que es todo lo contrario. El zueco es una pieza inagotable, y solo hay que adaptarse. «En dez anos ningún cliente dixo que non podía camiñar ben. Uns días, e listo. O truco é deixar que o pé se mova libre no zoco». La gran ventaja, señala, es que «non hai frío nin choiva que poda con eles». Este calzado ha ido ganando seguidores en los últimos años. Sobre todo, se puso de moda entre las mujeres, que son las que más se animan a adquirir zuecos con pieles de colores y combinaciones para su uso diario. Una de las razones de que cada vez se vean más es que «son cómodos, pero sobre todo duradeiros». En el éxito, sin duda, también habrá que añadir la calidad del trabajo artesanal. 

Una vida llena de amor

El valor de los viajes lo conoce bien Luis Francisco Franco. Este portugués que nació hace cuatro décadas en Madeira (Portugal) lleva apenas un par de meses en Santiago; llegó después de hacer el Camino y ahora pasa el día cerca de la Praza do Toural junto a su perrita Luz, con la que duerme en la calle. «O meu primeiro Camiño foi no 2012. Eu era osteópata en Lisboa e un dos meus pacientes tiña cancro, así que decidín facelo a pé para que el curase. E curou», cuenta Luis Francisco, que estuvo trabajando en un albergue de Pontevedra dando masajes a peregrinos. «Non cobro polo meu traballo porque o que quero é dar amor. Iso é o importante: as persoas somos como un sol que dá luz de dentro para fóra», explica, al tiempo que añade sus otros dos pilares en la vida además del amor: el cuidado de los animales y «a disciplina, porque agora que hai unha pandemia temos que cumprir coas normas».

 

Inglés avanzado en el Peleteiro

Más de 40 alumnos del Colegio Peleteiro consiguieron su título avanzado de dominio de lengua inglesa. Concretamente, fueron 27 los acreditados con el nivel C1 que otorga la Universidad de Cambridge y 17 los que obtuvieron el C2. Ambas calificaciones certifican al alumnado como poseedor de un nivel de la lengua inglesa bastante avanzado.

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Los zuecos que están de moda se hacen de manera artesanal en un taller de Sigüeiro