El tramo gratuito de la AP-9 en Santiago solo ganó tráfico un año desde su ampliación

La deceleración de la economía en el 2019 y las restricciones desde marzo del 2020 desplomaron los tránsitos un 28 %

La AP-9, en el tramo de circunvalación e Santiago
La AP-9, en el tramo de circunvalación e Santiago

santiago / la voz

Un buen año de crecimiento; otro de leve recesión, posiblemente por la deceleración de la economía; y un tercero, el 2020, de desplome radical corregido parcialmente en el segundo semestre. Así ha sido el comportamiento del tramo gratuito de la AP-9 a su paso por Santiago desde que se abrió al tráfico en diciembre del 2017 con sus carriles ampliados desde San Lázaro hasta el acceso de Milladoiro. Una obra que costó 85 millones de euros adelantados íntegramente por la concesionaria en una operación conjunta con la reforma de Rande por la que a cambio se ha garantizado un aumento anual del 1 % en los peajes, con independencia de que lo asuman los usuarios, como hasta ahora, o el Gobierno de España.

El objetivo de la ampliación a su paso por Santiago, que llegó a registrar picos de hasta 52.000 vehículos diarios, era aumentar la seguridad de un tramo de 7,7 kilómetros y evitar los habituales atascos matinales que se producían en el acceso de San Lázaro, que inhabilitaban uno de los carriles en sentido A Coruña y penalizaba los tiempos de los usuarios que procedían del sur.

La apertura hace dos años de los accesos de la Cidade da Cultura y una conexión directa con la autovía de Lavacolla -están pendientes de ejecutar tres giros más- han minimizado ese problema concreto y han aumentado la seguridad del tramo, que ha reducido los accidentes y sus consecuencias en el tráfico. Sin embargo, la crisis sanitaria alejará por un tiempo los ritmos de crecimiento, con margen hasta alcanzar el récord de tráfico de la AP-9, que se marcó en el año 2008 con un pico que diez años más tarde estaba cercano pero que se antoja difícil de superar por los problemas de movilidad actuales y su influencia en el turismo, que marcaba los máximos en los meses de agosto.

Mismo tráfico, menos carriles

En comparación, otras infraestructuras del entorno, como la autovía de Noia, funcionan con solo dos carriles por sentido y aforos -previos a la pandemia- que superaban los 30.000 vehículos diarios, mientras que la autopista del Atlántico tiene tramos a su paso por Santiago con hasta nueve carriles, un dimensionamiento que la concesionaria y Fomento vieron necesarios por cuanto este trayecto gratuito suele doblar la intensidad media diaria (IMD) del resto de la autopista, en torno a los 24.000 vehículos en los años ordinarios.

Según Audasa, en los momentos de confinamiento más estrictos la circulación media se desplomó hasta un 80 %, aunque la caída final se ha visto atenuada por la recuperación de la actividad esencial. Con todo, la concesionaria ha solicitado al Gobierno una compensación por este revés, mientras que las de otras autovías autonómicas han pedido una extensión de la explotación.

También en la ciudad

A diferencia del 2020, que tuvo un primer trimestre de normalidad, el 2021 ha comenzado condicionado por las restricciones territoriales que han afectado especialmente a la comarca de Santiago. Pero además de la movilidad intermunicipal y provincial, que alimenta el flujo por la AP-9, en la capital también ha descendido el tráfico. El cierre de la hostelería y el hecho de que el comercio tenga que dejar de trabajar a las 18 horas han provocado que desaparezcan otros 11.995 vehículos de media de las calles de la ciudad. Desde el 26 de enero son solo 91.741 los que circulan los días laborables por Compostela, un 25,5 % menos.

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