Ismael Taboada: «En los aviones que piloto llevo desde órganos a futbolistas y actores, alguno de Hollywood»

El santiagués, conocido por haber sido pinchadiscos de locales como Blaster, la Armería o el Retablo, opera desde Lavacolla con una firma de aviación privada. «Me considero un privilegiado. Ni durante el confinamiento estuve sin volar», confiesa

El piloto Ismael Taboada posa en la zona de salida del aeropuerto Rosalía de Castro, desde donde opera con una firma de aviación privada. «Me muevo por toda Europa. Vas de punto a punto. Me fascina conocer sitios nuevos y, sobre todo, volar», confiesa el santiagués
El piloto Ismael Taboada posa en la zona de salida del aeropuerto Rosalía de Castro, desde donde opera con una firma de aviación privada. «Me muevo por toda Europa. Vas de punto a punto. Me fascina conocer sitios nuevos y, sobre todo, volar», confiesa el santiagués

Santiago de Compostela

En un momento en que el covid impide a la industria aérea comercial volver a despegar, charlamos con Ismael Taboada, un piloto vocacional que optó por la aviación privada y que reconoce con pudor que él no ha dejado de trabajar. «Me considero un privilegiado. Ni durante el confinamiento estuve sin volar», señala este compostelano de 42 años, un amante de las alturas que se declara satisfecho por sumar ya dos décadas en el aire. «Todo lo que tuve que hacer antes para lograrlo valió la pena. ¡Y mira que no hay trabajo que no haya hecho!», rememora con una sonrisa.

Su cara es conocida en la noche santiaguesa. Desde los 18 años fue disyóquey en Blaster, un puesto que recuerda con cariño, a pesar de las «insistentes» peticiones musicales. «Me tiene pasado de estar poniendo una canción y llegar alguien a gritos a pedírmela», se ríe. «Una vez me negué a poner una de Siempre así porque acababa de sonar, y resulta que los que la reclamaban eran el grupo», acentúa. «Con Jaime Urrutia me pasó lo contrario. Vino a la cabina para pedir que no volviese a sonar su tema», apunta divertido. «Ahora parece increíble, pero en los 90 trabajábamos todos los días, menos los domingos. Los martes ya había gente», evoca sobre una época álgida en la que continuó, también como pinchadiscos, en la Armería y el Retablo.

Mientras comenzaba en Galicia, y luego en Fuerteventura, a formarse para la aviación, prosigue enlazando empleos, tanto de socorrista en la piscina de Sar y en la playa fluvial de Tapia como, años después, de bombero en una brigada helitransportada. «Nos tocó un verano de muchos incendios. Físicamente es un trabajo duro, pero también muy satisfactorio al poder colaborar», destaca. «Creo que mi vida siempre ha estado un poco enfocada al servicio público», incide al aludir también a un voluntariado con el que se inició desde joven. «En Blaster les extrañaba que después de trabajar toda la noche, el Mago Vituco, que es un íntimo amigo mío, y yo, nos fuésemos a colaborar con la Cruz Roja, pero es algo que hacíamos muy a gusto, nos salía», admite con humildad. «Allí hacía formación sobre primeros auxilios y ayudaba en eventos. Aún me acuerdo que mi primer concierto fue uno de Alejandro Sanz, cuando hubo muchos desmayos y se tuvo que rociar con agua al público. Cómo cambió todo», remarca con una sonrisa. Ya con gesto serio, no olvida que su ambulancia fue una de las primeras en llegar a Angrois. «Siempre te preparas para una catástrofe, pero cuando te toca vivirla, y sobre todo en tu ciudad, es un shock. Funcionas de forma automática, pero no se olvida. Te quedan marcadas muchas escenas y olores», se lamenta.

Cuando los sanitarios te dicen por wasap que el trasplante salió bien, eso es lo mejor

De nuevo animado, se centra en la época actual cuando, tras lograr su licencia, y trabajar primero como personal de tierra en Ryanair y EasyJet da el salto y entra en Atlantic Air Solutions S.L., una firma gallega de aviación ejecutiva, una rama aérea que a él como piloto le cautivó. «Es distinta que la comercial, menos rutinaria, y muy bonita. Nos movemos a demanda del cliente. No hay que hacer escalas. Te permite tener tiempo para conocer muchos sitios», encadena sobre unos vuelos cuyas características —menor contacto y terminales separadas— los han puesto ahora en auge. «En estos aviones llevo desde órganos para trasplantes a muchos futbolistas y actores, alguno de Hollywood. En verano, por ejemplo, hacemos muchos vuelos a Ibiza», aclara apelando a la cláusula de confidencialidad. «Salvo en el caso de particulares que dejaron de volar, tanto los empresarios como la sanidad no paró estos meses», añade poniendo énfasis en algo que le motiva. «Trabajamos con la Organización Nacional de Trasplantes. A veces volamos los pilotos solos con el órgano. Tienes un tiempo determinado, pero intento no pensar que llevo una vida en mis manos. Cuando los sanitarios te dicen por wasap que salió todo bien, eso es lo mejor», enfatiza con emoción. También con ilusión confirma la creciente popularidad de estos vuelos. «Se necesita un cierto poder adquisitivo para volar, pero cada vez son más demandados. Hay peregrinos que vuelven a casa en chárter», remarca.

El piloto santiagués tiene inmortalizado desde la aire la llegada a Galicia. «Cuando llegas y ves la costa dibujada, es una pasada», reconoce
El piloto santiagués tiene inmortalizado desde la aire la llegada a Galicia. «Cuando llegas y ves la costa dibujada, es una pasada», reconoce

A nivel personal afirma que es un empleo que le permite pasar tiempo en Santiago junto a los suyos. Insiste, además, en que le ofrece, día a día, estímulos. «Hasta ahora viajé por Europa. Mi meta sería cubrir más áreas y llegar a comandante. Aún se puede seguir subiendo», concluye feliz.

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