Dos iglesias y un castro, antesala de la desembocadura del Lengüelle

El Tambre es esa frontera de parte del municipio compostelano que esconde magníficos rincones y a la que hoy es buena idea arrimarse


El río Tambre se ha convertido en el gran tesoro a descubrir en tiempos en los que manda la perimetración. Es esa frontera de parte del municipio compostelano que esconde magníficos rincones y a la que hoy es buena idea arrimarse pero sin querer tocar el agua, desbordada una corriente que baja con mucha fuerza. Por el noreste, el Tambre permite la unión con Oroso y Trazo, si bien no procede cruzarlo porque eso sería saltarse el perímetro.

De manera que tómese la nacional hacia A Coruña, y después del cambio de rasante del km 52, a los 900 metros métase el viajero por la vía de servicio hasta encontrar un túnel, que se recorre para girar a la izquierda y dar a la carretera que conduce a San Pedro de Busto. ¿Que se ha pasado de ese desvío inicial? Ningún problema: es posible dar la vuelta en el entronque de la propia nacional con la que muere en el aeropuerto.

Primera sorpresa a los 400 metros, con un magnífico ejemplar de cruceiro a la izquierda, y un parque infantil y la iglesia de San Vicenzo de Marantes a mano contraria.

Continuando, se dejan atrás las casas de Ramil y en el km 3,7 aparece ante los ojos otro templo, el de San Pedro, igualmente con su notable y muy alto cruceiro y una zona muy amplia con bancos y espacio para relajarse.

Justo frente a la iglesia arranca una pista suavemente descendente que unos pocos cientos de metros más allá remata en As Currais (segundo desvío, a la izquierda). Al llegar a esta aldea, a la derecha para pisar O Castro. Y al final de esta, rodeadas por una pista asfaltada muy estrecha, las murallas muy deterioradas indican dónde está el yacimiento arqueológico, hoy trabajada y rebajada su parte superior y convertida en un campo de hierba.

Hay que dejar O Castro por donde se ha llegado, pero cruzando ahí mismo la caja de la vieja vía del tren (o sea, de frente) y luego girando a la izquierda, intentando ir lo más cerca posible del Tambre. Aunque conviene advertir que no queda otro remedio que decir adiós al asfalto, de manera que lo más sano es caminar.

Y así, un kilómetro largo más allá (ojo: no se debe sobrepasar la nueva vía del tren) se alcanza un paraje que no figura en las guías y que es simplemente maravilloso: el punto donde el río Lengüelle rinde sus aguas en el Tambre, con su vetusto puente que conoció épocas más ajetreadas que la actual.

El regreso, o por el mismo camino o bien continuando de frente sin miedo a la pérdida, puesto que se elija en las bifurcaciones una u otra opción se llegará a la carretera nacional tras un kilómetro y medio. Y sí, todo eso es suelo compostelano y nadie se saltará el perímetro.

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Dos iglesias y un castro, antesala de la desembocadura del Lengüelle