Roberto Vieiro acuna un sueño olímpico

Cierra su etapa júnior con dos subcampeonatos de España en marcha


santiago / la voz

Roberto Vieiro, uno de los jóvenes valores del Club Atletismo Santiago, tiene un sueño. Desde crío lleva diciendo que esperar poder participar algún día en unos juegos olímpicos y poco a poco se va acercando a esa meta. Lo avalan los resultados y algo más. Porque habla con una naturalidad y una seguridad, sin falsa modestia y sin lanzar las campanas al vuelo, que invitan a pensar que está en el buen camino. En el 2020 puso fin a su etapa júnior revalidando el subcampeonato de España en los diez kilómetros marcha. El 2021 será el del salto a categoría promesa y a los 20 kilómetros en la misma especialidad.

Nació en A Estrada, en febrero del 2001. Y enseguida le cogió el gusto al atletismo: «Empecé corriendo con mi padre, los fines de semana. A los siete años me apuntó al Atletismo Cuntis. Al principio nos ponían a hacer de todo. Pero fue la marcha, con Pardal, lo que mejor se me daba».

A Estrada, Santiago, Barcelona

Con nueve años se trasladó a Compostela y durante un curso entrenó por su cuenta y siguió perteneciendo al mismo club. Hasta que recaló en el Atletismo Santiago y se puso a las órdenes de João Paulo Fernández. Así hasta que completó sus estudios de bachillerato.

Aparte del olímpico, acuna otro sueño, el de ser médico. No consiguió plaza en la Universidad de Santiago y se trasladó a Barcelona. Allí cursa la carrera trabaja ahora a las órdenes de una de las leyendas de la marcha, Valentí Massana. Lo más positivo del cambio es que «en el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat hay muchos más medios». Y Massana es todo un referente para cualquier marchador: «Es uno de los que más sabe de marcha en España y en el mundo. Y en esta especialidad la técnica es muy importante. Al momento te corrige cualquier error».

Se confiesa muy contento en la ciudad condal, pero también lo estaba en Compostela y, de hecho, sigue perteneciendo al Atletismo Santiago: «Me gusta sentirme partícipe de los objetivos que tiene como club, sentir que estoy en el equipo de la ciudad. Sigo por sentimiento. Pude haberme cambiado por más dinero, por acceder a ligas, pero estoy contento con el club, peleando por el ascenso de categoría. A ver si podemos».

Está contento en Barcelona y tiene alguna opción de retornar a la capital gallega, pero es una cuestión que todavía no se plantea y que tampoco le quita el sueño: «No sé qué haré. Ya llegará el momento de hacer balance, deportivo y académico, y entonces decidiré».

Lo que no cambia es el sueño olímpico: «Desde pequeño me llevo planteando las olimpiadas, siempre fue mi objetivo. Es para lo que trabajo. Si iba a un campeonato de España y acababa sexto, me daba igual, porque siempre vi el largo plazo». De hecho sabe que si algún día ese sueño se hace realidad, todavía tiene que recorrer mucho camino: «Por lo menos, dos o tres ciclos más. Antes de los 25 o 30 años es difícil alcanzar la plenitud en esta especialidad. Y luego ves a gente como Bragado, que con 50 años es el octavo del mundo...».

A un paso del oro

Entrena con ese norte y se centra más en la evolución que en las marcas. No hay más que ver cómo repasa sus dos últimas medallas de plata en el Campeonato de España júnior: «En la primera iba cuarto, pero descalificaron a dos de los que tenía por delante por tres faltas y acabé segundo. En la de 2020, fui tirando todo el tiempo en cabeza, hasta que faltando ochocientos o mil metros un competidor que es muy bueno pegó un cambio y me ganó bastante bien».

Al echar la vista atrás, lo que peor lleva en los últimos meses es la soledad que impone el coronavirus: «Hacer entrenamientos sin poder ir con otros compañeros no es fácil y me cuesta motivarme. En 2020 fueron muchas sesiones solo y eso pesa, no lo llevo tan bien. Ojalá todo se pueda normalizar pronto».

Los libros, los entrenamientos y el cambio a los veinte kilómetros

 Roberto Vieiro cursa segundo de Medicina. Casi todo el tiempo se le va entre los libros y las pistas de atletismo: «Ahora, con el coronavirus, con las clases on line, puedo verlas cuando quiero. Me administro. La mayor parte del día lo paso estudiando, toda la mañana y parte de la tarde. Y luego saco dos tres horas para entrenar. El estudio me come muchas horas. Es sacrificado, pero mientras se pueda ir llevando no hay problema».

A ese sueño olímpico que tiene desde niño le ha surgido un contratiempo, ya que en Tokio será la última vez que se disputen los 50 kilómetros en unos juegos. Le duele. Entiende que no es una prueba «con un gran tirón mediático», pero lo achaca en parte a una falta de pedagogía: «Mucha gente no conoce ni siquiera las reglas básicas, y así es muy difícil identificarse».

Cambio importante

Sí se mantienen los 20 kilómetros marcha, la distancia a la que le corresponde adaptarse al dar el salto a categoría promesa. Y le motiva el cambio, pese a la dificultad que entraña: «Es el doble, es mucho más tiempo. Pasas de 45 minutos a hora y media de prueba. En un veinte, si no lo entrenas bien, lo vas a pasar muy mal. Estoy con ganas».

Tokio está demasiado cerca en el calendario. París 2024, también. Pero más allá de esa fecha, hacia 2028, cuando tenga 27 años, el atleta del Santiago confía en poder luchar por la marca que le abra las puertas a la participación en unos juegos olímpicos. Va superando etapas en esa dirección.

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