Habitación reservada con vistas a la historia

Así eran los hoteles que hospedaron a los primeros turistas de Santiago en el siglo pasado


santiago / la voz

Ahora que no están en las calles, más profunda es la sensación de que Santiago fue siempre un lugar vinculado al turismo. La realidad es otra. Los viajeros lejanos que llegaban a tierra santa en la antigüedad se hospedaban en hospitales, monasterios, conventos e incluso en la Catedral, que habilitó un espacio para ellos. Pero el turismo moderno llegó mucho después a las ciudades. Compostela no gozó de alojamientos hosteleros hasta finales del siglo XIX, aunque entonces la red de establecimientos era bastante informal. Hubo que esperar a las primeras décadas del siglo XX, cuando el sector crece y se crean listas y guías impulsadas por la fiebre del turismo.

En ese momento no era común utilizar la palabra hotel, ya que se trataba de un extranjerismo. Entonces se denominaban fondas. Juan David Díaz López narra en su libro Fondas e hoteis da Compostela burguesa toda la historia de los establecimientos de referencia en la ciudad entre 1878 y 1930. Hace cien años A Senra era una de las carreteras principales de entrada a Santiago, y no tenía la calificación de calle. La apertura de fondas, a ambos lados de su calzada, fue habitual. Se trataba de la primera parada de los carruajes que traían a los viajeros desde la estación de ferrocarril, situada en Conxo, que entonces era ayuntamiento. Pronto empezó la transformación del perfil del visitante. Los nuevos viajeros no venían caminando o con animales. Eran burgueses que llegaban en tren y los motivos por los que visitaban una ciudad como Santiago eran muy diferentes a los anteriores.

Entre los alojamientos emblemáticos de la ciudad destaca el Hotel Compostela, que comenzó su actividad en 1930 en el 1 de la calle del Hórreo. El lugar que ocupa, al final de A Senra en la esquina de la plaza de Galicia, es un solar histórico que ocupó el edificio de la Inquisición. En este emplazamiento visualmente privilegiado, siendo uno de los cruces más transitados de Santiago, se inauguró el hospedaje que a día de hoy sigue en funcionamiento. Se trata del único de esta época que resistió a la aparición de hoteles más modernos y al bum de la rehabilitación intramuros, de los años 90.

Fue ideado por un grupo de santiagueses comprometidos con el turismo y la promoción de la ciudad. La financiación del solar fue posible gracias a una serie de inversores y a una suscripción pública de 500 pesetas a la que se unieron otros vecinos, mostrando el gran interés que esta empresa suscitaba.

Un emblema de la ciudad

El emblemático edificio fue diseñado por Antonio Cominges Tapias tres años antes de su apertura. Destaca arquitectónicamente por su estilo ecléctico regionalista y por ser superior a cualquier otro hotel gallego de la época. Llama la atención la torre que se alza en la esquina y el capitel del porche, que tiene figuras bailando. Una forma de recrear ese ambiente hotelero de lujo que pretendían transmitir. Por primera vez un hotel contaba con amplios espacios comunes y varios salones para realizar encuentros entre los huéspedes. Con el paso del tiempo perdió algunos de estos espacios, que se vendieron en los años 70 a un banco. Por el Hotel Compostela han pasado viajeros tan ilustres como Federico García Lorca, Valle-Inclán o Eva Perón.

En la rúa da Senra, que en aquella época vivió su esplendor, había más establecimientos. Uno de los más destacados fue el Hotel Argentina, dirigido por el famoso empresario del sector Francisco Rey Villanueva. Un hotel de gran prestigio por la calidad del servicio y de la cocina y por las excelentes condiciones del edificio, de nueva construcción. También destacaron el Hotel Europa o la Fonda Vizcaína, que más tarde adquirió la categoría de hotel. Y por último, otro sinónimo de éxito fue el Hotel La Perla, que funcionó hasta en tres localizaciones diferentes.

En cuanto a los hospedadores, eran unos personajes extravagantes. En el libro de Díaz López, que recoge su tesis doctoral, aparecen sucesos tan disparatados como el de una anfitriona que hablaba de la visita del mismísimo Apóstol Santiago en su alojamiento.

Existían otro tipo de estancias como la Casa de la Troya, que no respondía a un hospedaje tipo hotel, sino a un alojamiento para estudiantes con pensión completa. Funcionó desde 1886 hasta 1906 y se popularizó culturalmente diez años después con la publicación de la novela con el mismo nombre de Pérez Lugín. En el libro se mencionan otros alojamientos que cohabitaban como la Fonda Suiza o la Vizcaína, calificándolas de «primitivas».

El Hotel Suizo, el elegido por Unamuno y Hemingway

El hotel Suizo fue uno de los principales alojamientos de Santiago, y la familia que lo regentó alcanzó un gran éxito. Los Mengotti, dos hermanos provenientes de Suiza, triunfaron en Santiago y en Ferrol. Regentaron la fonda Suiza (1878), en la rúa da Conga, que adquirió gran popularidad a finales del siglo XIX por su pastelería, que se mostraba en un escaparate, y también organizaron grandes banquetes. Destaca un convite en el Ayuntamiento a los duques de Edimburgo y de Connaught, hijos de la reina de Inglaterra. Tenían gran prestigio, pero sus elevados precios no estaban al alcance de la clase obrera o campesina. Era un establecimiento pensado para una clientela pudiente. Su tarifa ascendía a 28 reales por noche con pensión completa. Cuando el jornal en el campo era de 6 reales y de 8 en el caso de un obrero industrial.

Tras esta época de gloria, entra en decadencia. En un baile de carnaval del Liceo hubo quejas de «un bufé mal servido, caro y artículos detestables», según un cronista de la Gaceta de Galicia. En 1897 abandonan el edificio de A Conga, porque su dueño quería destinarlo a domicilio particular. Entonces, se desplazaron a Mazarelos, primero a un local por un tiempo reducido; y luego reabrieron como hotel en un edificio modernista de tres plantas de Cardenal Payá.

Tragedias y trayectoria errática

La decadencia llegó con las desgracias vividas por la familia del nuevo hotel Suizo. Los empresarios quedaron viudos a temprana edad y ambos vivieron las muertes de sus hijos pequeños. No obstante, retomaron la actividad y consiguieron remontar y mantener su reputación. Volvieron a destacar por su buena cocina y por alojar a personas relevantes del momento como Miguel Unamuno y Ernest Hemingway, que pasó en diversas ocasiones por el hotel. Durante años se posicionó como el referente de la ciudad, y su caída llegó al mismo tiempo que nacía el Compostela, en la década de los 30, que logra un inmediato éxito entre la burguesía.

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