La cultura se diluye entre falta de apoyo, límites de aforo y cierres perimetrales

Francisco Brea
Fran brea REDACCIÓN / LA VOZ

SANTIAGO

Sandra Alonso

Los profesionales del sector critican que se les considere «prescindibles»

07 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

No son tiempos fáciles. Hay muchas personas y sectores afectados por una pandemia que ha cambiado la sociedad. El impacto económico es alto, y demasiados profesionales ven como su actividad y manera de ganarse la vida se tambalea. Entre ellos, aunque no sean tan visible como otros casos, están los trabajadores de la cultura. Actores, músicos, bailarines... pero también organizadores de espectáculos o, entre otros, salas de conciertos están padeciendo un año «muy malo», como asegura la cómica ferrolana Cristina Moreira.

«Nosotros trabajamos por adelantado y cobramos después, algo que ya nos viene de antes. Y en este 2020 hemos trabajado, no hemos realizado y no lo vamos a cobrar nunca», explica. Para ella este era un año de muchos proyectos, como dirigir la gala de los premios María Casares o una nueva edición del festival Fóra do Mapa. Pero nada pudo llevarse a cabo, y eso que «la cultura es necesaria y ahora más, porque la gente se está volviendo loca. No tiene sentido ni coherencia que la anulen».

Las circunstancias han provocado situaciones tan surrealistas como ver al barítono coruñés Borja Quiza actuar en el Teatro Colón ante 60 personas. «Como artista, la actividad lírica me la cancelaron toda. Solo conciertos a piano o con tres músicos», comenta. En las últimas semanas cantó en Tenerife «sin público, solo se emitió por Internet», y en Las Palmas ante 50 personas: «Se hace pensando en la economía y dejando de lado la motivación artística. Este año no hay disfrute. El sector está triste y se demostró una cosa sabida, no es fácil ser trabajador de la cultura en España». En su caso, también habla como productor y por tener una escuela de artes en A Coruña. En el primer caso vio como se fueron al traste «un montón de conciertos» y en el segundo trabaja con un 50 % del aforo y con «un miedo atroz cada vez que cambian las normas o de que en un colegio haya un contagio que nos afecte y tengamos que cerrar 15 días».

Echa de menos más apoyo institucional, como ocurre en otros países donde «hay líneas específicas», y ve «triste que te hagan de lo primero prescindible, como que no hace falta».

«Se llegó a la insensatez de poner las mismas restricciones para un auditorio de 1.500 localidades que para uno de 200»

Borja Quiza actuó ante 60 personas en el Teatro Colón dentro de la Programación Lírica que organiza Amigos de la Ópera. El director artístico, César Wonenburguer, critica que «se llegó a la insensatez de poner las mismas restricciones para un auditorio de 1.500 localidades que para uno de 200. No se ha obrado en proporción». Defiende que en las actividades se siguen «protocolos estrictos» y destaca que estuvo en el Teatro Real y se sintió más seguro allí que «en el avión que me llevó a Madrid».

También, desde Santiago, Vítor Belho, responsable del conocido local Casa das Crechas y directivo del colectivo Asociación Galega de Empresas Musicais (AGEM), lo suscribe: «No verán puxéronse en marcha medidas que parecía que axudaban a limitar o efecto do virus, poñendo de manifesto que podían desenvolverse actos». Considera que, «ante a falta dun rigor científico para definir as normas en actividades con concentración de público, as autoridades optaron por non consideralas esenciais e cancelalas. Ou chegar a situacións como que o Auditorio de Galicia tivera 30 ou 60 localidades de aforo».

Y las circunstancias provocan un «impacto catastrófico», todo porque «para os gobernos, a cultura foi prescindible sen que se demostrara que nos eventos hai máis risco que, por exemplo, no transporte público».

Xabier Mera: «Permiten a miña actividade, pero non podo exercer. Somos invisibles»

Xabier Mera, músico y vicepresidente de del colectivo Músicas ao Vivo
Xabier Mera, músico y vicepresidente de del colectivo Músicas ao Vivo Mario Llorca

La música fue el refugio de muchos durante el confinamiento y a lo largo de toda la vida, pero los creadores siempre lo tuvieron difícil y ahora más. «Permiten a miña actividade, pero non podo exercer. Somos invisibles», señala Xabier Mera, músico y vicepresidente del colectivo Músicas ao Vivo. Demanda un «rescate xa como parte fundamental do sector» y espera que, por lo menos, esta situación se aproveche para «ter dignidade laboral e mellores condicións. Non vale volver ao de antes».