Carlos Encisa: «Ante las bromas de los alumnos en Instagram, mi truco es poner cara de póker»

El director del IES Antonio Fraguas de Fontiñas, que suma aplausos y seguidores en este inicio de curso escolar, repasa lo logrado. «Después de 20 años dando clase aún noto que los alumnos se alegran cuando me ven entrar en el aula», subraya con emoción


Santiago de Compostela

Es uno de los educadores que más sorprende en este inédito curso escolar. Un director de instituto y, ante todo, un profesor vocacional -«desde los 15 años ya sabía que quería dar clase»- que suma aplausos y eco mediático con iniciativas que logran acercar el IES Antonio Fraguas de Fontiñas a las familias. «Durante el confinamiento creo que padres y alumnos valoraron poder acceder al director con facilidad. Eso sí, fue una locura. Mantuve más de 400 conversaciones por WhatsApp» recuerda aún sorprendido Carlos Encisa, de 48 años, durante una amena charla realizada desde su casa por videoconferencia. Con una perenne sonrisa narra su vida sin perder de vista la enseñanza. «En primavera, además de las clases de tecnología, que seguí impartiendo online, les hice a mis alumnos trucos de magia. Es algo que me gustó desde siempre», reconoce con unas cartas en la mano. De fondo se ve un piano, otra de sus aficiones. «Estudié solfeo y a los 17 años ya dirigía un coro en Vigo, donde nací. Cuando llegué a este centro de Santiago monté otro en el que tuvimos 30 jóvenes. Eso sí, cometí el error de dejarles que eligiesen el nombre. Le pusieron Aphonic» explica divertido. Ya más serio admite que le motivan los retos, algo que demostró en su carrera.

Nada más terminar ingeniería industrial, sacó las oposiciones de educación. Mos, Gondomar o Tomiño fueron los destinos iniciales de una pasión pedagógica que combinó con una activa implicación social y hasta política. «En la última localidad fui durante tres meses concejal de Seguridade, Tráfico e Transportes con el PSOE. Ante la ausencia de la alcaldesa y del primer teniente de alcalde, un día llegué a ser regidor», recuerda satisfecho. «En ese tiempo una pareja joven que me conocía del instituto me pidió que les casase» añade con orgullo y sin negar su impronta entre los jóvenes. «Poco después, y justo cuando me acababa de separar, me ofrecieron ser subdirector xeral de Educación durante el bipartito. No dudé en venir a Santiago», aclara sobre un cambio a la administración autonómica solo transitorio. En el 2011 un concurso de traslados ya lo asentó en Fontiñas. «Me encanta ser profesor. Creo que se me nota la conexión con los chavales. Valoran que estés implicado, que les escuches», encadena con entusiasmo. «Aprendo mucho de ellos. En verano pensaba que iba a tener el despacho lleno de menores sin mascarilla y todo lo contrario. Solo me trajeron una vez a una pareja que se estaba dando un beso. De nuevo, nos dieron una lección. También es cierto que en estos meses aprendieron que sin el instituto no pueden vivir», acentúa sobre una dura etapa que «confirmó la necesaria presencialidad en las aulas» y que también empujó al «indispensable salto digital».

«Me encanta ser profesor. Creo que se me nota la conexión con los chavales. Valoran que estés implicado, que les escuches»

Sin desánimo, y ya desde el 2016 como director, reconoce que no puede «estarse quieto», algo que ha ayudado a ganarse el respeto de los estudiantes. Puso en marcha la sección bilingüe —«me matriculé en la escuela de idiomas y el año pasado empecé a dar clase en inglés»— y continuó defendiendo las excursiones. Ante la pandemia, y con el afán de estar en donde los menores consumen horas, que es en Instagram, abrió una cuenta del instituto en la red social en la que retransmite las novedades y se gana su complicidad, a pesar del peaje en el tiempo que a él le supone. «Los alumnos personalizaron el perfil en mí. Ven que hay alguien detrás», admite sobre una cuenta muy seguida que ya animó a otro centro santiagués a crear la suya. Antes de arrancar el curso, no dudó, además, en hacer un directo desde el instituto para enseñar su interior tras siete meses de cierre, un éxito virtual muy celebrado entre los jóvenes, a pesar de ciertas chanzas durante el vídeo. «Ante bromas o mensajes inapropiados, mi truco es poner cara de póker. En ocasiones es rentable no ver ni escuchar bien al alumno, así le das una nueva oportunidad», desliza siempre constructivo.

Sin descanso pone en valor más medidas como un semáforo covid -«a las familias les tranquiliza saber que informamos»- o el recién estrenado canal Fraguas TV. «Trato de hacer cosas que les motiven», enfatiza. «Después de 20 años dando clase aún noto que los alumnos me sonríen por los pasillos o se alegran cuando me ven entrar en el aula», confiesa con emoción.

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