El Camino de Santiago reivindica las «raíces de Europa» ante el Año Santo

Ramón Loureiro Calvo
ramón loureiro REDACCIÓN / LA VOZ

SANTIAGO

PACO RODRÍGUEZ

Segundo Pérez López afirma que peregrinar adquiere hoy «un sentido nuevo»

09 may 2021 . Actualizado a las 18:07 h.

«La peregrinación al Sepulcro del Apóstol está adquiriendo un sentido nuevo». Lo dice el deán de la catedral compostelana, Segundo Leonardo Pérez López. El teólogo al que ni su empeño en volver a situar el Camino de Santiago en el centro de la cultura europea, ni su proyección como investigador de la documentación histórica vaticana, le han impedido encontrar cada semana el tiempo necesario para ir a celebrar misa a su parroquia natal, San Pedro do Buriz, en la comarca de A Terra Chá.

El próximo 31 de diciembre se abrirá, oficialmente, el nuevo Año Santo. Un Año Santo que en principio debería finalizar el 31 de diciembre del 2021, pero que quizás pudiera prolongarse, ¿quién sabe?, hasta el Día del Apóstol del 2022. Pudiera ser, incluso (son muchos los obispos españoles que confían en ello, aunque en la catedral compostelana nadie se atreve a hacer cábalas al respecto), que el Papa Francisco visitase Santiago durante el Año Xacobeo, uniéndose por un día a la peregrinación a Compostela.

«La peregrinación nos enseña que podemos ser felices ligeros de equipaje»

Pero, más allá de todo ello, lo cierto es que, mientras el Camino de Santiago -los Caminos de Santiago- vuelve a llenarse de caminantes, el renacer de la peregrinación, como subraya el deán Pérez López, irradia (incluso en estos tiempos del coronavirus, tan llenos de incertidumbre) una luz completamente nueva. Porque el Camino, explica Pérez López, se está reencontrando con sus verdaderas raíces, que son las «raíces cristianas de Europa». Y en estas circunstancias, que a su vez tienen una claro reflejo -subraya- en la profunda espiritualidad de quienes, desde todos los rincones del mundo, ya se están poniendo en marcha de nuevo para peregrinar a Compostela, es necesario, dice el deán, que la Iglesia, «como el Papa nos pide», se ponga claramente del lado de los pobres. De los pobres, y también de todos cuantos sufren, para dar respuesta al dolor de «la humanidad».