Récord de inmigración exterior en la provincia: 11.347 personas en el 2019

Montse García Iglesias
montse garcía SANTIAGO / LA VOZ

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Roberto Nieto pasó cinco años en Suiza y, tras regresar a Negreira, creó una empresa de carpintería
Roberto Nieto pasó cinco años en Suiza y, tras regresar a Negreira, creó una empresa de carpintería xoan a. soler

Es la cifra más alta en tres décadas después de subir un 165 % en un lustro

14 sep 2020 . Actualizado a las 22:28 h.

Un total de 2.047 personas se daban alta en 1990 en el padrón de los ayuntamientos de la provincia coruñesa procedentes de otros países, bien porque eran de otra nacionalidad, pero además gallegos que tras emigrar decidían volver a casa. Tres décadas después la cifra se ha multiplicado por cinco y el año pasado fueron 11.347 los inmigrantes procedentes del extranjero. Se trata del valor más elevado en estos treinta años y la primera vez que se supera la barrera de los 11.000, según los datos publicados por el Instituto Galego de Estatística (IGE) recientemente. Hasta el momento, el listón estaba en los 10.646 alcanzados un año antes, en el 2018, después de superar ligeramente los 10.629 del 2007, en plena época de bonanza económica y antes de que estallara la crisis. Por su parte, el valor más bajo fue en 1996, con únicamente 1.438.

Las cifras de inmigración exterior tienen mucha relación con la economía. Desde el 2007 se inició un descenso hasta el 2013, cuando únicamente llegaron 3.730 personas, para a partir de ahí ir elevándose paulatinamente. En el último lustro aumentó un 165 %, ya que ahora se contabilizan 7.035 más que en el 2014.

El ayuntamiento que más altas tuvo de personas procedentes de otros países en la provincia fue A Coruña, con un total de 4.024, acumulando más de un tercio. Le siguió Santiago con 1.336. El resto de municipios ya se situó muy lejos del millar. Así, el tercer lugar fue para Ferrol, con 549; y el cuarto para Oleiros, con 494.

Pero no todos los ayuntamientos incorporaron a su padrón personas que tenían con anterioridad residencia en otro país. Ni Vilarmaior ni Somozas, según los datos publicados por el IGE, contaron con altas por este motivo. Por su parte, a Mesía llegó uno, y en Moeche y Toques se registraron dos inmigrantes.

Por otra parte, las mujeres son las que más inmigraron a Galicia el año pasado. Fueron 5.808, frente a los 5.539 hombres. En cuanto a la edad de las personas que se asentaron en la provincia coruñesa, la mayoría está situada entre los 30 y 54, con 4.535 personas. Pero también sorprenden los casi 1.900 menores de 16 años que se incorporaron al padrón.

Ayudas para retornados

Entre las nuevas altas continúan con peso las protagonizadas por vecinos de la provincia que decidieron emigrar al extranjero y ahora optan por volver a casa. Así, por ejemplo, en A Coruña, de los 4.024 altas de personas procedentes de otros países, 947 eran emigrantes retornados; en el caso de Santiago fueron 218. Precisamente, la Xunta ha puesto en marcha unas ayudas extraordinarias a los emigrantes retornados con motivo de la pandemia, cuyo plazo de solicitud se amplió hasta el 30 de octubre. Además incrementó el presupuesto del programa, pasando de 1,75 a 1,9 millones. Desde la Secretaría Xeral de Emigración también proseguirán con las ayudas al retornado emprendedor, que se pueden tramitar hasta final de mes.

Roberto Nieto, emigrante retornado a Negreira: «É tan difícil marchar como despois volver»

Entre las nuevas altas que cada año registran los padrones de los ayuntamientos se encuentran los emigrantes retornados, aquellos que hicieron en dos ocasiones las maletas. Uno de esos casos es el de Roberto Nieto Cobas, un vecino de Negreira de 38 años que, después de ir en busca de un puesto laboral a Suiza, donde permaneció durante un lustro, regresó hace tres años para poner en marcha su propio negocio de carpintería en su tierra natal. 

Era el año 2012, en plena crisis, cuando, como otros muchos, Roberto Nieto decidió hacer las maletas. Tenía treinta años y llevaba desde los dieciséis trabajando como carpintero y «aquí a situación estaba difícil, igual tardaban tres meses en pagarche...». Le surgió la oportunidad de irse a Suiza como albañil. «Ofrecéronme o traballo xa aquí e dixéronme que aquilo era marabilloso, pero, ao final, non foi tanta marabilla como dicían», relata. Después de seis meses como albañil en un pueblo, Stavayer Le-Lac, se trasladó a Ginebra, allí ya trabajando en su oficio como carpintero, primero en una firma de mucho prestigio durante seis meses -de la que no guarda muy buen recuerdo- y, posteriormente, para un empresario español en donde su labor consistía en colocar cocinas. «Alí estaba ben», comenta. Sin embargo, en el 2018 decidió emprender el camino de vuelta a casa. «A vida é moi diferente, as costumes son distintas. Ademais, non podes ter a cabeza nun lado e os pés noutro. Non podes pensar en estar aquí cando vas estar noutro lado once meses de doce que ten o ano», explica.