Los restaurantes que vencieron a fuego lento a las nuevas autovías

Referentes de la cocina local sobreviven al pie de las carreteras nacionales

Javier Suárez y Beatriz Veiras, de la Raxería San Marcos, en la carretera de Lavacolla
Javier Suárez y Beatriz Veiras, de la Raxería San Marcos, en la carretera de Lavacolla

santiago / la voz

Hay negocios garrapata que se pegan a un gran centro de trabajo o un lugar dinámico como un hospital, un aeropuerto o una sede administrativa, y otros que viven del tránsito permanente entre dos destinos. El gran enemigo de estos últimos son las autovías, que traen y llevan a la gente a los sitios mucho más rápido sin pararse a saborear el camino. Antes de que se inaugurase el tramo de la AP-9 entre Santiago y A Coruña en 1979, y a mediados de los 80 el Santiago-Pontevedra, la N-550 era un auténtica avenida del buen comer. Entre Sigüeiro y As Galanas resistieron años referentes como el Castro, el Catete -especialista en bacalao-, el Reina Lupa o el Cierto Blanco, el superviviente que pusieron a andar Serafín y Pura en 1961 y que hasta recibió la Medalla de Galicia.

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