Compro coche


Lo mío con los vendedores de coches (ahora se llaman comerciales) es de traca. Seguro que son grandes profesionales, y soy testigo de ello en al menos dos casos. Pero simplemente tengo mala suerte, así que ya digo por delante que la culpa es mía y que en absoluto se trata de criticarlos. Llevo unos días dando vueltas por los concesionarios a ver cuánto me pagan por mi coche actual y en cuánto me sale otro nuevo. Sé qué tipo de vehículo quiero, pero no tengo preferencia por marcas.

Así que me fui al primer concesionario. Avisan a un comercial que de escasas buenas formas dice «¡que espere!» mientras coloca un póster en la pared, luego va a no sé dónde, vuelve, etc. sin hacerme ni el mínimo caso. A los diez minutos largos me voy.

Segundo concesionario: increíble, pero no hay nadie. Pude haber robado papeles, una chaqueta, una calculadora… Espero más de cinco interminables minutos y marcho.

Tercer concesionario: aunque toda Europa está trabajando a estas horas, está cerrado. Bueno, es su problema.

Cuarto concesionario: comercial joven y amable. Me ofrece un coche que me parece idóneo, pero tiene cambio automático. Le digo que sí, pero que con cambio manual. Insiste. Insisto. No le parece bien y suelta la perla: «Pues o usted lleva este coche con cambio automático o no lleva ninguno». Doy las gracias educadamente.

Quinto concesionario: el comercial no tiene ganas de trabajar y se nota. Se levanta, empieza a andar lentamente hacia la salida mientras hablamos, pensando yo que quería ver mi coche usado y probarlo o tasarlo. Abre la puerta: «Ese modelo no se vende muy bien. Buenas tardes». Y me encuentro en la calle.

¡Miren que tengo mala suerte! Un poco gafe debo ser, sí.

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