Una fiesta sin el pulpo de Santa Susana

El Apóstolo de la pandemia fue una jornada a medio gas pero con restaurantes por fin llenos


santiago / la voz

El 25 de julio de la pandemia fue. Y eso ya es bastante. Una victoria. Hubo ofrenda, hubo manifestación nacionalista, hubo visita real aunque fuese exprés y hubo ambientillo en la calle. No el de siempre, porque nada es como antes desde que el coronavirus nos acecha, pero al menos los restaurantes de la zona monumental volvieron a estar llenos tras unos meses muy duros. Ver de nuevo a los turistas y peregrinos buscar mesa y no encontrarla llama a la esperanza pese a que en el horizonte hayan vuelto a aparecer las nubes más negras. Quizás la ausencia más impactante, de tantas cosas que el covid-19 le ha robado al día de Santiago, fue el ver la carballeira de Santa Susana vacía y con el espacio que deberían ocupar los puestos de pulpo y churrasco precintados por la Policía Local. Así es difícil celebrar.

No solo faltó el pulpo. Tampoco pudieron instalarse los puestos y atracciones de feria ni la clásica noria. Y en Amio, otra gran ausencia, porque la pandemia también obligó a suspender la feria caballar, otra tradición picheleira donde las haya que cada año reúne a miles de personas.

Ni la visita real compensó tanta desolación. Porque Felipe VI y doña Letizia estuvieron en Compostela, pero tan solo para hacer la Ofrenda al Apóstol, firmar en el libro de honor del Concello y nada más. Las restricciones que impone el coronavirus obligaron a suspender la parada militar y también impidieron todo contacto con los ciudadanos. Tan solo pudieron acompañarles los miembros de la comitiva oficial, presidida por el presidente Feijoo y sus conselleiros, el alcalde, Xosé Sánchez Bugallo, la ministra de Economía, Nadia Calviño, y el anfitrión, el arzobispo Julián Barrio.

En la misa solemne, celebrada en San Martiño Pinario por las obras de la Catedral, en esta ocasión sí hubo una nutrida representación del gobierno local, en contraste con los años en los que gobernó Martiño Noriega (Compostela Aberta). Por el PSdeG-PSOE acompañaron al alcalde, entre otros, Mercedes Rosón, Gumersindo Guinarte y Gonzalo Muíños. Del PP se hicieron visibles José Antonio Constenla y Ramón Quiroga, aunque seguro que había más ediles ocultos por las distancias exigidas por la seguridad de la Casa Real.

Para el que seguro que fue una ofrenda especial fue para Cástor Vázquez, ya que es la primera que celebra como comisario de la Policía Nacional. Junto a él, estaban el capitán de la Guardia Civil en Santiago, Luis Nicolás Arroyo, y el jefe de la Policía Local, José Ramón Silva.

El covid-19 es como un mal sueño del que queremos despertarnos

Quizás sea el arzobispo compostelano el que mejor ha expresado con palabras lo que ha sido este día de Santiago tan atípico. Al finalizar la ofrenda, Julián Barrio definió al coronavirus como «un mal sueño del que queremos despertarnos» y como un acontecimiento que nos ha hecho aprender a «separar lo que es necesario de lo que no lo es». Y así es. Qué es el 25 de julio sin multitudes, sin los besos y abrazos de los que se encuentran en Compostela en el día más importante para Galicia. Qué es sin poder ir de bar en bar, de tapa en tapa, o sin poder comer en Santa Susana bajo la sombra de los carballos. Eso era lo importante. Lo que dábamos por hecho sin saber que era nuestro mayor tesoro. Queda esperar que el dichoso virus se marche antes del Xacobeo del año que viene y que nos deje volver a disfrutar de la fiesta como manda el Apóstol.

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