El buque insignia de la hostelería abre con un estricto protocolo sanitario

El Hostal dos Reis Católicos limita aforos y desinfecta siempre a la vista del cliente


Santiago / la voz

Todos los empleados del Hostal dos Reis Católicos volvieron al trabajo al mismo tiempo y siguen un estricto protocolo de seguridad sanitaria que «endurece aún más las medidas propuestas por el Ministerio». Así lo explica Santiago Carrera, el nuevo director del Parador de Santiago: «Es fundamental que los clientes perciban la seguridad». El volumen que recoge todos los detalles tiene 90 folios, y prácticamente hay unas normas específicas para cada sala y cada circunstancia.

Las medidas establecidas tienen multitud de detalles. El primero se percibe nada más acceder al Hostal. Y es que los conserjes abren la puerta al cliente para evitar ese primer contacto. En la entrada de todas las salas han colocado dispensadores de gel, pañuelos desechables y un cartel con el aforo de cada espacio. Todos los comunes tiene limitado el número personas que pueden estar juntas, nunca más del 75 % del aforo normal. Hasta en los ascensores hay dispensador de gel y se limita la ocupación.

En la cafetería y restaurante, los camareros limpian las mesas antes y después de cada servicio. Carrera explica que se hace delante del cliente «para que lo vea y compruebe que el protocolo se sigue de forma estricta, porque es muy importante transmitir seguridad en estos momentos». A la hora de disfrutar del desayuno, los comensales piden los alimentos calientes a los camareros, que se sirven en mesa. Y para coger los productos del bufé se emplean unas pinzas de bambú que se entregan a cada cliente y que se tiran tras su uso. En las comidas se sigue el mismo protocolo y se reduce el número de comensales en cada momento para garantizar la distancia de seguridad. Todo el personal -los cien trabajadores del Hostal- tiene que llevar mascarilla de máxima protección durante toda la jornada, y en la recepción unas mamparas de vidrio protegen tanto a los empleados como a los clientes. El aforo en recepción es de 4 personas y unas señales colocadas en el suelo delimitan la distancia de seguridad entre cada uno.

Las habitaciones están especialmente cuidadas. De ellas se retiraron todas las alfombras y cojines, y la información en papel ha desaparecido del establecimiento. A los clientes se les entrega un código QR que da acceso a la información de menús, servicios del Hostal e información turística de la ciudad. A los productos de higiene habituales se suma un dispensador de gel hidroalcohólico en todas las habitaciones. Y los envases individuales se retiran, aunque no hayan sido usados, para su desinfección antes de su reutilización. El cliente, al marcharse, deposita la llave en una urna, donde permanecerá para su desinfección durante un período de 48 horas. Cada habitación tiene dos llaves para garantizar el tiempo de desinfección entre clientes. También en la terraza exterior -a la que se accede desde la praza do Obradoiro o desde la cafetería interior- se instalaron dispensadores de gel y pañuelos.

La apertura del Hostal se hizo con una ocupación baja para esta época. En la primera jornada se ocuparon 20 habitaciones y ayer se esperaba doblar el número. La dirección trabaja con la previsión de llegar a un 50 % durante este verano. De hecho, Carrera cree que es mejor «ir poco a poco para extremar la seguridad».

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