Salvador Martí: «O cancro tívome un ano en fóra de xogo pero necesito estar no Abrente»

El bar de la rúa San Pedro de Mezonzo, que enganchó a decenas de jóvenes con sus copiosas tapas, cumple 20 años. El hostelero repasa una intensa vida que le llevó a dejar Castellón y a no querer marcharse de Santiago

El gerente del bar Abrente muestra en el local uno de sus emblemas, la tapa de churrasco.  Detrás, conserva con orgullo, y entre muchos recuerdos del Compos, la bandera del Villarreal, el equipo de su provincia natal
El gerente del bar Abrente muestra en el local uno de sus emblemas, la tapa de churrasco. Detrás, conserva con orgullo, y entre muchos recuerdos del Compos, la bandera del Villarreal, el equipo de su provincia natal

Santiago

Poca presentación necesita Salvador Martí entre los compostelanos con hambre de tapas generosas. El hostelero, de 43 años, ganó fama desde que en el año 2000, y después de dejar atrás su Sueras (Castellón) local, montó el bar Abrente en la rúa San Pedro de Mezonzo, un poco más abajo de donde está el actual. El negocio rápidamente enganchó a vecinos del Ensanche y a un sinfín de jóvenes. «Erguíame ás seis da mañá e ás seis e media xa tiña o bar cheo para almorzar. Pola noite moitos estudantes confesábanme que logo de vir non necesitaban cear», revive con júbilo Salva, como le conocen. Su perfecto gallego ilustra su arraigo en la tierra. «Teño a identidade, a cultura, xa son de aquí», subraya mientras repasa en alto estas dos últimas décadas.

Con buen humor, aclara cómo llegó a Compostela. «Estudei Políticas en Madrid e durante un tempo traballei no Parlamento de Estrasburgo. Nunha viaxe coñecín a unha galega, namorei, vin a Santiago e xa me quedei. Logo perdín o amor pero gañei á familia do Abrente», explica agradeciendo la respuesta que obtuvo ya de inicio en el bar. Sobre el porqué del cambio de trayectoria, no duda. «Crecín entre mesas ao levar os meus pais o bar do pobo. Cando me instalei aquí tiña claro o da hostalaría, que era o que máis alegrías me dera», razona.

«Perdín o amor en Santiaro pero gañei á familia do Abrente»

Interrogado también sobre lo opíparo de las tapas con las que arrancó, se ríe. «Eu antes de vir a Santiago non sabía o que era tomar un pincho gratis. Cando montei o bar pensei que se daba de balde unhas elaboracións máis graciosas, sempre podía chamar a atención da xente», algo que ya confirmó el primer mes, lo que le animó a redoblar la apuesta. «Foi pola miña euforia», insiste mientras repasa platos ya icónicos en el Abrente como el sándwich mixto con huevo frito, el churrasco y el bocadillo de lomo con alioli. «Chegamos a ofrecer ata 350 pinchos gratis ao día. Foron anos moi bos», rememora poniendo el foco en las amistades ganadas y en las muchas anécdotas compartidas. No olvida las caras de sorpresa de los clientes cuando llegaban las raciones ni tampoco, y señalando la bandera del Villarreal que preside una pared, los goles que se cantaban a coro cada vez que marcaba el equipo en Champions. «Ata Fernando Roig, o presidente do clube, dixo que isto estaba máis animado que o campo. O que non sabía é que por cada tanto había unha caña gratis», relata divertido.

Los clientes del bar Abrente viviendo un partido del Villarreal en el bar
Los clientes del bar Abrente viviendo un partido del Villarreal en el bar

Ya con gesto más serio no oculta que también hubo épocas difíciles, como ese bache que coincidió con una ausencia suya de Galicia, y que le llevó casi a vivir al día, un mal trago que recondujo trayendo a sus padres a Santiago. «Díxenme que se saía diso, ía devolver aos galegos a oportunidade que me deron de rexurdir», recuerda sobre una promesa que cumplió con múltiples iniciativas, como la fundar y presidir una entidad que aglutina a los hosteleros solidarios del país, una tarea que, como otras (fue en las listas del BNG al Concello), tuvo que abandonar ante otro revés personal.

Hace más de un año se le detectó un cáncer, una dolencia que aún combate. «Estou ben», aclara, sin cesar de agradecer el trabajo de la sanidad pública. «Traballar é o que me dá máis vitalidade, tamén co tratamento», acentúa queriendo explicar su ausencia. «O cancro tívome un ano en fóra de xogo pero non vai acabar coas miñas ilusións. Necesito estar no Abrente. É a miña vida», subraya con incansable empuje e ideas renovadas.

El castellonense, al que la crisis del covid le convenció aún más de la necesidad de modernizar el negocio —«a hostalaría de ir ver os partidos de fútbol rematou»—, mantiene cerrado el bar por las tardes desde octubre a la espera de que se le apruebe un proyecto para poder hacer terrazas. Avanza la idea de mudar de zona si eso no se materializa, algo que, en cualquier caso, no le gustaría al ser esta la «rúa do Abrente» y al querer apoyar a una calle que, como constata, perdió mucha vida. «Hai pouco contei que foron 32 os negocios que pecharon dende que nós abrimos aquí hai 20 anos», detalla con pesar. Martí tampoco descarta, ya dentro de un plan a nivel gallego, abrir un restaurante en Santiago, —«só de churrasco»—, similar al que abrió años atrás en la parroquia de Aríns (ya cerrado) y al que mantiene con éxito en Baiona. Mientras tanto, sigue con los desayunos, también copiosos, «e que se traballan moi ben», remarca.

El hostelero se repartirá entre la localidad pontevedresa, donde reside con sus padres, y Santiago, ciudad de la que le es difícil marchar. «Sabes o bonito que é que eses estudantes, hoxe xa pais, aínda te paren pola rúa. Como me vou ir de Galicia?», se pregunta conmovido.

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