Casas en las que da gusto vivir

Las viviendas pasivas, o sanas, por la renovación continua del aire en el interior, ganan terreno en la provincia. Eficiencia energética y confort van de la mano


ferrol / la voz

Cada vez hay más gente que se da cuenta de que «esto funciona», sostiene Gustavo Ríos, arquitecto técnico y consultor del Passivhaus Institut para el proyecto de Casa Alush, la primera certificada por el organismo alemán en Galicia. Su análisis es preciso: «El problema era que no había ejemplos. Ahora sí, y testimonios de propietarios, y podemos medir humedades, consumos y temperaturas reales de las casas. Todo eso demuestra que el estándar [passivhaus] funciona. Su mejor cualidad es la sencillez, es simple, de sentido común, fácil de conseguir y se adapta a cualquier sistema constructivo. Hace falta un técnico competente y una buena ejecución». Ríos dedicó el trabajo de fin de carrera al passivhaus y acabó especializándose. Faltaba encontrar un cliente dispuesto a promover una edificación de este tipo. Hasta que se topó con Fadi Alush. «Está encantado con el comportamiento de la casa. La tenemos monitorizada, medimos la humedad relativa del aire y la temperatura, los consumos son nulos o casi...», subraya. Su hermana, María Carmen, firmó el proyecto. «No había constructores formados, pero lo importante es dar con gente profesional, aunque no tenga conocimientos de passivhaus. La definición del proyecto tiene que ser muy alta por parte del técnico y la ejecución muy minuciosa, para que salga bien y funcione», recalca.

Los cinco pilares básicos del passivhaus son el aislamiento térmico, la ausencia de puentes térmicos (puntos débiles por los que se pierde frío o calor), ventanas y puertas de altas prestaciones (estanqueidad), envolvente hermética (para evitar flujos de aire y pérdidas de energía) y ventilación mecánica (introducir aire limpio del exterior y sacar el viciado del interior, de ahí el calificativo de vivienda sana). ¿Cómo repercute en el coste de la obra? Ríos cuestiona a quienes estiman un encarecimiento de hasta el 15 %. «Hace nueve años hice un estudio económico y era del 6 %. Si se ejecuta de manera responsable el sobrecoste es mínimo. El ahorro en calefacción compensa otros gastos [...]. Donde sí conviene hacer un esfuerzo es en el recuperador de calor, ha de ser de alta eficiencia, es el pulmón de la casa», argumenta.

Ríos es el delegado en Galicia de la Plataforma de Edificación Passivhaus (PEP), una asociación sin ánimo de lucro que agrupa a «profesionales, empresas y personas con inquietudes y conocimientos en el campo de la edificación energéticamente eficiente». «El estándar nació en Alemania, en 1991 -apunta-. Aquí tardó mucho, pero está creciendo rápido». La eficiencia energética y el confort van de la mano.

El primer hotel certificado en España

A Henrique Ferro Cruz, el cuidado del medio ambiente y la eficiencia energética siempre le han preocupado «máis que a arquitectura». De hecho, reconoce que si algo le condujo al modelo de edificación pasiva fue la convicción de que «non se pode seguir emitindo CO2 nos niveis actuais». Es el arquitecto que ha diseñado el hotel Fisterra, el primer alojamiento certificado por el Passivhaus Institut en España. «Cando empecei era difícil, o proxecto é do ano 2015, non había ningún construtor especializado e iso obrigoume a estar na obra continuamente [...]; as partes máis técnicas e máis complexas, como é a hermeticidade, fíxenas, literalmente, e superviseinas todas eu», relata.

Los requerimientos para un hospedaje son similares a los de una casa. «Pero todo se complica coas instalacións. No passivhaus, aparte do consumo para calefacción, tamén se limitan os consumos eléctricos xerais, e nun edificio terciario tes uns consumos que non hai nunha vivenda, a lavandería, a cociña... Iso faino máis complexo, e compensas ese gasto con produción enerxética in situ, neste caso con paneis solares térmicos, que producen integramente a auga quente sanitaria», explica. Admite que «houbo momentos difíciles, complicou moito o proxecto executalo no medio da vila. A parte de hermeticidade é moi complexa cando te metes entre medianeiras e sen experiencias previas, xórdenche as dúbidas», admite.

Discrepa de quienes estiman un aumento del coste respecto a una construcción convencional y ve claro que en Galicia, «cun clima moi benigno, é máis fácil regular a temperatura interior no inverno que no verán, cando se fai necesario sombrear e controlar as ganancias térmicas». En el hotel se mantiene la temperatura estable y desde su apertura, en 2018, no ha sido necesario encender la calefacción. Algunos clientes sí advierten «o confort acústico das habitacións, sen ningún ruído».

Casa Cachóns, consumo «casi cero»

Para los hermanos Iván y Óscar Andrés Quintela, Arrokabe Arquitectos (Santiago), el salto al passivhaus resultó algo natural. «Llevábamos años construyendo con altos niveles de calidad, y eso tiene que ver, en gran parte, con la eficiencia energética. Pero la certificación exige llevarlo a niveles más altos y poder demostrar que se cumplen los estándares [...]. Nuestra gran ventaja es que somos especialistas en construir en madera, un aislante térmico natural», señala Iván.

El azar también tuvo algo que ver. En un curso conoció a un ingeniero, del que acabó haciéndose amigo. Él también se interesó por el passivhaus y de esa relación surgió Casa Cachóns, en Teo, una vivienda sin gasto en calefacción ni aire acondicionado (protegida del soleamiento con aleros fijos y un emparrado).

«Lo más complicado, o novedoso, era que tenía que pasar una prueba que te podía mandar todo el trabajo al traste. Por eso hay que asegurarse de que todos los sellados se ejecutan con muchísima precisión y hacérselo ver al constructor. Algo muy importante fue no dejar el ensayo de estanqueidad al aire para el final, hicimos tres, en distintas fases», detalla.

Iván destaca el papel de la arquitectura para favorecer el proceso y disminuir el gasto energético: «Tirar pocos metros en espacios que no vayas a utilizar, una mala distribución te obliga a tener pasillos que hay que calentar; una buena orientación [clave en el passivhaus], para que reciba el máximo soleamiento posible; y poca superficie de contacto con el exterior en relación al volumen». Cuando visita a sus amigos constata que en Casa Cachóns «se vive maravillosamente, la sensación de confort por la temperatura y la continua recirculación del aire... No hay olores ni cuando cocinas».

Cinco edificaciones acreditadas y otras doce en proceso

Los datos de la Plataforma de Edificación Passivhaus (PEP) reflejan «la evolución claramente ascendente» que se está produciendo en Galicia en cuanto al número de edificaciones y a los metros cuadrados de superficie certificada. Hasta el momento hay cinco construcciones ya acreditadas por el Passivhaus Institut: Casa Alush (Santiago, abril de 2018), Hotel Fisterra (octubre de 2018), Casa Cachóns (Teo, enero de 2019) y Casa Ladeira (Valdoviño, mayo de 2019), todas en la provincia de A Coruña; y en Vigo, el edificio Colón, con ocho viviendas, el primero de estas características en conseguir este sello de calidad. Y existen otros 12 proyectos en proceso, repartidos por las cuatro provincias gallegas (en Lugo, un edificio de 48 pisos). Los 17 inmuebles sumarían 8.616 metros cuadrados certificados.

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