Martínez & Fernández CAB

Casi la mitad de partidos de un Obra a punto de cumplir 50 años llevan la firma de los dos técnicos compostelanos


santiago / la voz

El Obradoiro Club Amigos Baloncesto cumple cincuenta años en octubre y los diez últimos coinciden con la presencia de Moncho Fernández al frente del equipo. Pero el Alquimista de Pontepedriña no es el entrenador con más temporadas en el club. El récord lo tiene Pepe Martínez, con doce. La mayoría en el primer plantel. A uno le está tocando la etapa más dulce de este medio siglo, al otro le correspondió lidiar con la más dura. Conversan con idéntica pasión acerca del mismo Obradoiro que resistió en categoría zonal y ahora se codea con la élite. Casi la mitad de los partidos disputados en estos 50 años de historia llevan su firma desde el banquillo.

Moncho Fernández le recuerda a su colega la última etapa, la 2004/05: «Salvaste al equipo gracias a una victoria del Arzúa, entrenado por Víctor Pérez, sobre La Salle». Y Pepe Martínez, que tiene memoria de elefante, rememora aquella recta final de curso: «Cogí al equipo, en Primera Nacional, a falta de tres jornadas después de que Óscar Martínez presentase la dimisión. Ganamos en Cambados y después a La Salle, en un partido clave. Al descanso íbamos veinte arriba, más o menos, pero en el tercer cuarto solo hicimos un punto y al final acabamos uno arriba. El último choque era en Porriño. Fue un día de transistores. Perdimos, pero antes de acabar ya sabíamos que estábamos salvados por la victoria del Arzúa».

La temporada 09/10

Ahora es Pepe, que también fue directivo, el que pone sobre el tapete algo que sabe Moncho: «En la temporada 9/10 (la del estreno en la ACB) tu nombre estuvo sobre la mesa. Hablamos con tu representante. También pensamos en Diego Ocampo. El que estaba prácticamente fichado era Gustavo Aranzana, antes de que llegara Juane. Y el que acabó firmando fue Curro Segura».

Asegura que nunca tuvo dudas sobre el desenlace de la larga batalla en los tribunales: «Hubo alineación indebida del Murcia, no cabía otro fallo». Más complicado resultó dar continuidad al éxito judicial: «La ejecución de sentencia, llamar a un montón de puertas para buscar patrocinadores....». Cabía el riesgo de ganar todas las batallas para acabar perdiendo la guerra, pero no fue el caso. Y el Obradoiro llegó a la ACB. Pepe Martínez lo recuerda como «un año muy difícil». «Nos equivocamos mucho con las personas», apostilla.

Moncho Fernández vivió el final de aquella travesía judicial desde Gijón: «La gente de baloncesto de Santiago era la que me tenía al tanto, sobre todo cuando alguien venía a Asturias. Recuerdo, creo que fue en el 2003, que las cosas se empezaban a ver de otra manera». El Tribunal Superior de Justicia de Madrid le daba la plaza en la ACB. «Iba a venir Paco García», apunta Pepe Martínez. Todavía hubo que esperar seis años.

La canasta del ascenso de Vilas, el tapón de Washington y la primera permanencia

Los dos entrenadores tienen en el disco duro de sus vivencias una vasta colección de momentos inolvidables. Y en sus memorias han quedado grabados instantes imborrables.

Pepe Martínez se queda «con la canasta de Vilas sobre la bocina, ante el Atlántico de A Coruña, en el 2004, que supuso el ascenso a Primera Nacional. En aquella categoría estaban entonces los mejores de A Coruña, de Vigo, de Ferrol...».

Moncho Fernández trae a colación dos momentos del curso 11/12, el primero del equipo en la ACB. Como tantas veces, el Obradoiro escogió el camino más complicado. Llevaba cuatro victorias en las primeras doce jornadas. Cedió en dos desplazamientos consecutivos, en Zaragoza y Valencia. Y en enero tenía cuatro jornadas seguidas en Sar. Perdió las cuatro, ante Valladolid, Sevilla, Bilbao y Gipuzkoa Basket. Justo después fue capaz de ganar en Málaga, en Sar con el célebre tapón de Corbacho a Oleson en la prórroga, y en Alicante con un tiro libre de Kendall en el último segundo.

El Alquimista recuerda una jugada en el Martín Carpena: «En la segunda parte íbamos tres arriba, perdemos un balón y Berni se va solo para dejar una bandeja. No sé de donde salió Deron, pero le puso un tapón, hicimos un cinco contra cuatro y Oriol anotó canasta y adicional. De que se pusiesen a solo uno a ampliar a seis». Después el equipo desperdició dos oportunidades de oro para sellar la permanencia, en las pistas del Estudiantes y de un Valladolid ya descendido. A la tercera, en la penúltima jornada, en Sar, fue la vencida, ante el Valencia. Y ese es el recuerdo que rescata Moncho, tras un mate de Oriol que disipaba dudas y llenaba Sar de felicidad.

Un «superviviente nato» al compás del «todos xunntos»

Cuando se les pide a ambos técnicos que definan al Obradoiro, sin extenderse, aflora lo que a cada uno les ha tocado vivir desde dentro. Pepe Martínez habla de «superviviente nato», Moncho Fernández se decanta por el «todos xuntos», que «ha ayudado mucho. Incluso el que más te critica, el día de partido está en Sar animando». Insiste en que esa unión ha sido determinante y, entre otros ejemplos, trae a colación «el Sarvation Army» o la movilización de los aficionados para conseguir la conversión del club en sociedad anónima.

En el turno de cruzarse preguntas, el Alquimista de Pontepedriña se interesa por saber si su colega ve los encuentros en Sar como espectador o como entrenador. Y la respuesta es una mezcla: disfruta los partidos como aficionado, pero no deja de verlos con ojos de técnico. Recuerda un duelo «contra Repesa que fue una virguería de réplicas y contrarréplicas desde los banquillos». En el capítulo emocional se queda claramente con un encuentro: «El ascenso en Burgos, era muy importante para el club, y más por como había ido toda la temporada».

Pepe Martínez se interesa por saber si Moncho Fernández ha pensado en un Obradoiro sin Moncho Fernández. Y la respuesta es no. «Creo que si llevamos tanto tiempo —explica— es porque nos centramos solo en lo inmediato, en lo que toca cada día». Sí tiene una curiosidad: «El día que me jubile y ya no sea entrenador, cómo será ver los partidos desde la grada en Sar».

Al echar la vista al frente, en la temporada que se avecina, la del medio siglo, ya tiran del carro. «Otra vez un reto complicado —proclama Pepe—, a ver si la gente puede responder. Ya soy algo más optimista que en marzo». Moncho se muestra convencido de que «la afición va a estar ahí» y que es una gran ocasión para que «el obradoirismo sienta su reconocimiento».

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