La barcaza de Portodemouros recupera el ritmo con la libre circulación

Los viajes en el servicio de transporte del embalse fueron un 75 % menos durante el confinamiento


melide / la voz

La pandemia del coronavirus lo cambió todo. Nada volverá a ser como antes. Al menos, de momento. Porque en la llamada «nueva normalidad» se mantienen hábitos y medidas que, por seguridad, se implantaron durante el confinamiento para doblegar la curva de propagación del covid-19. La rutina previa a la declaración del estado de alarma la están recuperando, con todas esas precauciones, en el servicio de transporte que comunica las provincias de A Coruña y Pontevedra a través del embalse de Portodemouros. Desde la apertura de los límites provinciales hace diez días, la barcaza que cruza el pantano entre Beigondo, en la orilla coruñesa a la altura del municipio de Santiso, y Loño, en el pontevedrés de Vila de Cruces, va recuperando el ritmo previo a la situación de emergencia sanitaria, que redujo considerable la demanda de traslados.

Durante ese tiempo, «traballouse a un 25 por cento, estábanse facendo unhas 15 viaxes ao día», cuentan Delio Pedreira y Ángel Carballal. Son dos de los diez operarios que, en turnos de ocho horas, trabajan en la embarcación, que opera, de manera gratuita para el usuario, las 24 horas del día, y los 365 días del año. Hasta la libre circulación por la comunidad, «as viaxes limitáronse exclusivamente aos da xente que tiña que cruzar para traballar, e nós á hora de facer o relevo», explican. «Onte mesmo, xa houbo máis de corenta viaxes», apuntaban los barqueros, transcurridas un par de jornadas desde la reapertura de las provincias.

La recuperación del ritmo de actividad la confirman en Naturgy, que presta el servicio de transporte en el embalse de Portodemouros a través de Eulen, subcontrata de la que dependen los operarios del ferri. Desde la compañía hidroeléctrica, que explota el pantano que embalsó las aguas del río Ulla en 1968, indican que la media diaria de viajes en la barcaza se sitúa entre 40 y 60, dependiendo del día de la semana, de la climatología y de la época del año.

Es lo que también indican los barqueros, toda vez que esperan que el incremento de los viajes «se note máis as fins de semana», y a partir de julio, cuando «xa empezan a vir os turistas». Y es que aunque el servicio está pensado, desde su puesta en marcha en 1975, para cubrir las necesidades básicas de desplazamiento de la población y evitar así un rodeo por carretera de 30 kilómetros, el trayecto de solo tres minutos en barco de una orilla a otra del embalse es un reclamo y atrae visitantes. También se esperan este verano, aunque «non van poder baixar dos coches», avanzan los barqueros. Fue una de medidas que se adoptaron en el ferri para evitar contagios de covid-19 entre los usuarios y el personal, que limpia la cabina con cada cambio de turno y mantiene entre sí la distancia social. «Un manexa a embarcación, e outro dirixe as manobras e apunta as matrículas», cuentan. Incluso prescindieron del televisor compartido.

Con controles y sin desplazamientos por emergencias

Nadie se sirvió de la barcaza para burlar los controles por carretera de la Guardia Civil y desplazarse entre provincias sin causa justificada. Hubo patrullas en el acceso al ferri, tal y como observaron los barqueros, que también confirman que no hubo que utilizar la embarcación por emergencias. Por esa razón y por considerarlo «esencial», Naturgy mantuvo el servicio durante la cuarentena.

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