Vienen de Italia y de China, llaman a tu puerta y van directos al estómago

Los santiagueses eleven al podio a restaurantes de comida para llevar de países señalados por la crisis sanitaria


santiago / la voz

Las listas de reputación de locales hosteleros son como las encuestas electorales, no hay que fiarse del todo de ellas porque a veces fallan, pero casi siempre aciertan con las tendencias. O las inducen, sobre todo en el caso de los turistas que solo se fían de estos ránkings para comer, retroalimentando a los más destacados. Pero cuando la ciudad lleva tres meses sin un bocado que echarse al estómago ni un nuevo proyecto que probar, es más oportuno que nunca revisar lo que han hecho los que han tenido la suerte de tener un modelo de negocio adaptable a las cambiantes exigencias de las autoridades.

?En algunas noches de confinamiento, tras los aplausos solo se escuchaban las motos de los riders. Algunos negocios trabajaron a un nivel óptimo, incluso mejor que en la vieja normalidad, y es justo destacar a los que han obtenido el premio del público. Resulta curioso comprobar que, con toda la desinformación que corrió, un local italiano que apuesta por los productos de su tierra sea el que destaca en varias listas y en la más consultada, TripAdvisor. Sicilia in Bocca, la pizzería de Rosalía de Castro, solo cerró las semanas más duras, y Domenico Bartolotta y un equipo reducido tuvieron la generosidad de ser solidarios con los trabajadores de las urgencias del Clínico, a los que invitaron a cenar dos noches. «La gente nos preguntaba por la situación en Italia, pero no dejaron de confiar en nosotros y nunca se tradujo en miedo, así que seguimos trabajando bien, intentando compensar con el reparto lo que no podíamos hacer en el local», que seguirá con restricciones unas semanas más.

Ping Choi ya es un veterano de la hostelería compostela. El China Ming abrió en Romero Donallo en 1983 y la constancia le ha otorgado buenas críticas de los clientes que solo dejaron de acudir o llamar en la primera semana de confinamiento. Ahora, con siete mesas en el comedor, «ya estamos cerca del nivel normal, solo deseo que esto no vuelva atrás», dice Choi, que cree con humildad que lo único que aportan él y su mujer es «intentar hacer bien nuestro trabajo».

El brasileño Juliano Campos, del Santiago Kioto, es el segundo del podio. Su apuesta por la comida japonesa de calidad no se ha resentido durante la pandemia. «Creo que he ganado clientes, santiagueses que no nos conocían y que en las últimas semanas ya son habituales», asegura. Campos, un artista del sushi, ha aprovechado la crisis sanitaria para introducir una carta digital con pago incluido desde el móvil, por lo que el camarero solo lleva la comida a la mesa. La nueva anormalidad.

Oportunidad para el local del Anexo Vilas

Los locales que ocuparon los mejores restaurantes de Santiago en el siglo pasado están gafados. La primera estrella Michelin de Santiago se forjó en la esquina de la avenida de A Coruña y Rosalía de Castro, pero después de Toñi Vicente solo se instaló La Industrial, que cerró hace unos meses. Sigue vacío, aunque en mejores condiciones que la casa que acogió durante décadas al restaurante Vilas, en la misma calle. Está lista para la venta, pero nadie da el paso.

El tercero en discordia siempre fue el Anexo Vilas, en la cercana avenida de Vilagarcía. Tras la retirada de Moncho, el local pasó a ser el Manso durante más un lustro, el primer gran proyecto de Alberto Lareo, ahora en los fogones del O Retiro da Costiña, en Santa Comba. El bajo iba a reabrirse en marzo o abril bajo el nombre de O Encontro, una churrasquería tradicional, pero el proyecto ha tenido que aplazarse por la crisis sanitaria. El objetivo de los promotores es arrancar la temporada en septiembre, con el nuevo curso y más certezas que dudas en el ambiente.

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