Otra ración de alquimia


El Obradoiro se apresta a vivir su décima campaña consecutiva en la ACB y cada permanencia tiene mucho de milagro, de alquimia en la pista y en los números, porque al club siempre le toca competir con uno de los cuatro presupuestos más bajos de la categoría. Y esta vez, como en el circo, se enfrenta al más difícil todavía.

No tiene un patrocinador detrás como Movistar, que pondrá quince millones de euros en el Estudiantes a lo largo de los próximos cinco años, o un mecenas como los que sostienen los presupuestos del Murcia o el Valencia, o un apoyo de las Administraciones que es determinante en el sustento de buena parte de sus rivales. El Obradoiro es lo que se ve en cada partido en Sar, su gente, sus dirigentes, sus patrocinadores y un equipo obligado a reinventarse cada verano. Y si encara su décimo desafío en la élite es porque no se gasta lo que no tiene, a diferencia de lo que sucedió hace treinta años, cuando destinó treinta millones de pesetas a tres jugadores y arrancó sin tener siquiera garantizada esa cantidad para toda la temporada. Y, una vez más, el Obradoiro hace suyo el «ad astra per aspera», porque en la temporada llamada a festejar la ilusión de los 50 lo que le tocará es luchar por su supervivencia, al abrigo de su gente.

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