Guillermo Álvarez: «Sin turistas lo pasaremos mal, y sin estudiantes se complica un poco más»

El comerciante abrió una segunda tienda en O Toural, que cerró definitivamente


santiago / La Voz

Guillermo Álvarez tenía, desde hace muchos años, la idea de montar un negocio que le permitiría tender puentes entre Canadá, donde vivió su infancia, y Galicia, donde se asentó finalmente. Antes de poner en marcha su negocio de productos americanos Snackies, estudió carpintería y acabó trabajando en una empresa de transportes, pero sin perder de vista su meta, la de importar productos «que nadie tenga». Su deseo era «vender aquí lo que no vende nadie», y su objetivo se cumplió en el 2014. «Viví unos años en Vigo, y visité Santiago cuando empezaba a desarrollar la idea, y pensé que era el sitio perfecto, por su vida y movimiento podía funcionar». A la hora de escoger zona, «solo podía ser el casco histórico. En el Ensanche, hubo uno similar, y duró dos días».

Su aventura empresarial va camino de los seis años, y el comercio de productos americanos y asiáticos estaba consolidado cuando «el coronavirus lo frenó en seco. Con el cese de actividad, también tuve que cerrar la venta por Internet. Ahora hay que empezar de cero». En su opinión, la situación que atraviesa un negocio como el suyo es «peor a la que viví cuando empezaba. Sin turismo y sin estudiantes está todo parado. Ahora mismo, no saco mi sueldo. Solo cubro los gastos». Aun así no está dispuesto a tirar la toalla, y fía la recuperación del comercio a los «pasos que se van dando para recuperar la normalidad».

El covid a Guillermo lo pilló en plena expansión de su negocio. Hacía tres meses, más o menos, que había abierto en la praza do Toural otro comercio de la misma línea, pero «lo cerré definitivamente. Por ahora, mejor esperar».

En su opinión, Santiago no recuperará su vida comercial hasta que regresen los turistas, nacionales y, «sobre todo extranjeros. Mientras el aeropuerto esté cerrado no vendrán, y sin los turistas, lo vamos a pasar mal. Y, sin estudiantes, la cosa se complica un poco más».

El perfil de sus clientes es diverso. «Mucha gente joven, y gente que ha viajado, que viene a buscar productos que probó en el extranjero, pero sobre todo turistas y estudiantes». En su negocio de Caldereiría se pueden adquirir «productos de Estados Unidos, de Asia, Canadá, por supuesto; y de otras zonas del mundo. Son cosas con una fecha de caducidad larga, porque la exportación es lenta para este tipo de productos». Una de sus normas a la hora de mantener un producto en sus estanterías es que «no se pueda comprar en otro sitio. Cuando lo veo en un supermercado, por ejemplo, lo retiro. La clave es vender lo que no vende nadie».

Entre los productos más atractivos están los cereales, pero también refrescos y golosinas de Harry Potter; refrescos de Japón de marcas conocidas en España, pero de sabores desconocidos; o la famosa Duff de Los Simpson. «No traigo la cerveza, porque está prohibida en España. Dicen que incita a beber a los niños, pero tengo la bebida energética de la misma marca». Los clientes, muchas veces, «ven una bebida o unas golosinas en una película y vienen a buscarlos. También prueban una cosa fuera, y la compran. O los perfumes de Victoria’s Secret, que tienen mucha acogida entre los jóvenes».

Puestos a quejarse, Guillermo Álvarez lamenta la falta de apoyo a los emprendedores. «No solo no respaldan a los emprendedores, sino que ponen zancadillas. Tasas e impuestos criminales. En Urbanismo del Concello son todo trabas». No pide que le pongan alfombras, pero «abrir un negocio y sacarlo adelante cuesta mucho. En estas circunstancias, aún más».

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