Patricio Aróstegui: «Lo que más extraño es el contacto humano porque vivimos aislados»

Más de 40 alumnos permanecen en la residencia de O Burgo das Nacións dos meses y medio después de la alarma


Santiago / La Voz

Hace dos meses y medio desde que suspendieron las clases en la USC. Con la declaración del estado de alarma hubo «una estampida general», cuentan los alumnos. Sin embargo, por diversas razones, cerca de 70 estudiantes decidieron quedarse en las instalaciones del Servicio Universitario de Residencias (SUR). De ellos, permanecen todavía hoy 43, tras la marcha reciente a su país de dos jóvenes chinos. Todos comparten techo en O Burgo das Nacións, pero sin contacto entre ellos en las zonas comunes para evitar cualquier tipo de riesgo. En habitaciones individuales y lo más separadas del resto, disponen de las cocinas y lavandería por turnos para no coincidir.

Se trata, explica el director de la residencia, Eduardo Rey, de estudiantes que «o bien por sus circunstancias personales no se querían ir o bien porque eran de sitios a los que no podían volver por el estado de alarma. Hay alumnos internacionales (de China, La India, Georgia, Kosovo, Alemania, Italia, Ecuador, México, Argentina,...) y nacionales, de Canarias, Alicante, Navarra... Es decir, gente que no tenía posibilidad de regresar por tierra y, en el caso del canario, cerraron el espacio aéreo y se canceló su vuelo. Otros quisieron quedarse para estudiar o porque en sus hogares hay personas mayores y no querían exponerlas».

Patricio Aróstegui Izquierdo está entre los pocos residentes que quedan en O Burgo, con poco más del 10 % de sus habitaciones para estudiantes (400 en total) ocupadas actualmente. Él tiene 22 años, es de Monterrey (México) y vino a Santiago a estudiar Comunicación Audiovisual, aunque en su país se forma en cine. El ordenador y el móvil se han convertido ahora en su ventana al mundo, explica: «Hasta hace poco solo podíamos salir para ir al supermercado, y sin hablar con nadie».

Motivos para quedarse

«Lo que más extraño es el contacto humano porque vivimos aislados. Llegué a finales de enero y tuve muy poco tiempo aquí para conocer a gente. La mayor parte, acabó regresando, y solo se quedaron dos o tres amigos a los que he podido ver, pero muy poco. Extraño salir con mis amigos y estar con mi familia. Hablo con ellos todos los días. La situación allí también es complicada. Al principio, cuando el mundo explotó en pánico, sí estaban preocupados por cómo estaría yo; pero ellos confían mucho en mi y mantenemos el contacto», indica el estudiante. Este joven mexicano explica que decidió quedarse en Santiago en un primer momento porque «tenía la esperanza de que todo iba a mejorar. La universidad nos envió un correo informando de que se suspendían las clases solo dos semanas y no pensaba que se iba a alargar tanto. Por otra parte, si regresaba a México tenía que cambiar mi horario y había la posibilidad de tener que volver luego para hacer los exámenes presenciales. Esto suponía gastar más dinero y aumentar las posibilidades de contagio en los vuelos».

Reconoce que la incertidumbre de los primeros días fue lo que peor llevó. «No sabía qué estaba sucediendo, ni cómo iba a acabar...», cuenta, y «no tener tele me frustraba mucho, porque me comentaban compañeros de aquí cosas de las que no me había enterado».

Con todo, saca una lectura positiva: «utilicé este tiempo para desarrollarme como persona y conocerme a mí mismo». «Uno pensaría que tengo mucho tiempo libre, pero lo cierto es que las tareas e multiplicaron y los trabajos de la USC crecieron exponencialmente. Me mantengo ocupado», asegura este inquieto universitario, quien ya antes de este confinamiento forzoso a más de 8.000 kilómetros de su hogar «tomaba clases en línea y, al estudiar cine, ya veía muchas películas, vídeos, series... y tomaba apuntes. También me interesa algún videojuego». Y así pasan los días en una ciudad que ansiaba conocer y poco ha podido disfrutar, en un giro de guion inesperado. To be continued...

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