Portugal, yo te quiero igual


La crisis sanitaria ha agudizado el papanatismo crónico y los complejos patrióticos, que son igual de peligrosos cuando se observa con admiración desmedida a unos o por encima del hombro a otros. Los resultados objetivamente malos de la respuesta de España a la pandemia nos han obligado a indagar en el exterior buscando culpables internos porque todos esperábamos algo más de audacia por parte de nuestro país. Y así nos pasamos el día, advirtiendo de lo que deciden con buen criterio los centralistas franceses o los federalistas alemanes. Da igual cómo lo hagan, que lo hacen mejor que España.

?Ese mismo radar nos ha obligado a mirar al oeste, al sur para los gallegos, ministra Ribero. En este trance vírico se han multiplicado las frases paternalistas hacia Portugal, país que está resolviendo con mayor eficacia la situación desde el punto de vista clínico y político, lo que llena a los propios portugueses de orgullo y estupefacción. Sí, se sorprenden de que los españoles de izquierdas solo pongan de ejemplo a su país cuando gobiernan los de su cuerda, y que no se acuerden del 25 de abril cuando son otros los que mandan. O de que la derecha española humille a Pedro Sánchez diciéndole que «hasta Portugal lo ha hecho mejor», con un aire de superioridad insoportable.

?Nuestros vecinos también admiran nuestras pensiones; nuestros salarios; la esperanza de vida, dos años extra; la cultura; el gasto público en sanidad, dos puntos superior; o la distancia que les llevamos acortando la brecha de género. A Portugal hay que quererlo. Siempre, sin complejos.

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