Samuel Suárez: «El consumo de alcohol entre los jóvenes tiene repercusiones a nivel cerebral»

Su tesis doctoral fue la primera de la USC que se defendió virtualmente a causa del covid-19


Santiago / la voz

Samuel Suárez Suárez (Sada, 1988) vive en Santiago desde hace 14 años, cuando se matriculó en Psicoloxía. El pasado 17 de abril se convertía en el primero de la USC en defender virtualmente su tesis. No estaba entre sus planes. Fue una situación sobrevenida por el covid-19. La presentación estaba prevista para el 27 de marzo, pero dos semanas antes se precipitaron los acontecimientos con el estado de alarma. Explica que la renovación de su contrato de formación de personal investigador por un año más dependía de la defensa en plazo de su proyecto doctoral.

«Es un argumento de peso, y más tal y como están las cosas», dice Suárez, aunque reconoce que le hubiera gustado hacer una presentación presencial «por la carga simbólica que tiene ese acto» y por la ventaja de tener «ese feedback directo con los miembros del tribunal». «Además de la dificultad académica, surgieron desafíos tecnológicos y administrativos», cuenta el investigador, quien tuvo tres semanas para adaptarse a las nuevas circunstancias telemáticas y atar todos los cabos sueltos para no tirar por la borda el trabajo de los últimos cuatro años. Le tocó abrir camino y «siempre hay el miedo a lo que pueda salir mal».

«Lo más complejo fue gestionar la incertidumbre, porque hasta el último momento no me pudieron confirmar cuándo se iba a poder hacer. En la última semana, lo más complicado fue la carga adicional de trabajo: tuve que acostumbrarte a la plataforma en la que hice la defensa, ver qué funcionalidades tenía y adaptarlas para sacar el máximo partido al proyecto; además de asegurarme que la conexión funciona bien y que el acto fuera público, e implicó explicarle a mi familia cómo tenían que hacer para poder seguirlo», relata.

Máxima calificación

La defensa en confinamiento, desde su piso de alquiler, salió como esperaba. Su tesis doctoral, Consumo Intensivo de Alcohol e Cerebro Adolescente: Un estudo mediante neuroimaxe funcional, codirigida por Fernando Cadaveira y Sonia Doallo, obtuvo la máxima calificación. El proyecto aborda el consumo intensivo de alcohol en un período reducido de tiempo, seguido de fases abstinencia. «Es el patrón típico que siguen los jóvenes de entre 15 y 20 años, que suelen ingerir grandes cantidades durante los fines de semana y festivos», apunta.

«Esta forma de beber conlleva riesgos, como comas etílicos, accidentes de tráfico, agresiones, relaciones sexuales de riesgo... pero existe un efecto a medio y largo plazo sobre el funcionamiento del cerebro del que la sociedad no está concienciada. Esta forma de beber genera una alta concentración en sangre y aumenta los efectos neurotóxicos sobre el cerebro. Se podría decir que el consumo de alcohol típico entre los jóvenes no es inocuo y tiene repercusiones a nivel cerebral», indica.

La gran innovación fue utilizar medidas de resonancia magnética. Para ello Suárez contó con la colaboración de un grupo de 70 universitarios de la USC de primer curso. Se escogió población no clínica, con un buen resultado académico y sin adicciones. Se les pidió que apretaran un botón en ciertos momentos, al tiempo que se les mostraba una serie de imágenes de bebidas con y sin alcohol para estudiar la actividad basal del cerebro y el control de impulsos.

«Observamos que a los jóvenes que consumen alcohol les supone un mayor esfuerzo controlar sus impulsos frente a las imágenes de bebidas alcohólicas. Teorías neurocientíficas dicen que, ante un consumo repetido, las señales asociadas van ganando relevancia y se les van destinando más recursos atencionales, que son limitados. Esto significa que al poner el foco principal de atención en el alcohol se pierden otras cosas que caen fuera de él, por ejemplo, las consecuencias que negativas de beber, que tus padres te recogen en media hora o que al día siguiente tienes que madrugar», incide Suárez. La investigación tiene un doble objetivo, la detección precoz y tratamiento de un patrón de consumo en los jóvenes que podría derivar en un trastorno por abuso de alcohol; y mentalizar a la población que el consumo de fin de semana no es pasajero ni gratuito a nivel cerebral.

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