Lista de tareas pendientes


Desde que soy capaz de recordar, adquirí una costumbre que se ha convertido en un obsesión. Soy una fanática de las listas. No puedo terminar el día sin preparar un listado de tareas pendientes para el día siguiente, y no puedo empezar la jornada sin repasar lo que, inicialmente, tengo previsto hacer. Las listas me acompañan para todo. Son mi manera de ocupar el día y de organizar mi tiempo. Hace años, cuando mis hijos aún eran pequeños, la madre de un compañero de Eduardo dijo no entender cómo tenía tiempo para el trabajo, la casa, la compra, los niños, para ir a manualidades, costura y bolillos. Le expliqué que, además de compartir tareas con el padre de las criaturas, tenía listas para organizar el trabajo diario. Recuerdo que me miró como si fuera un bicho raro. Preparar una lista de tareas pendientes y repartirlas a lo largo de la semana me permite priorizar trabajos, y evitar estrés. Tengo listas para todo. Desde la de ideas para reportajes y artículos hasta la de temas reservados para cuando me toque trabajar un domingo. Si voy de vacaciones, elaboro un listado de los artículos y prendas que debo meter en la maleta; y por supuesto, no concibo ir al mercado sin una meditada lista de la compra. Para el confinamiento tenía una lista de tareas repartidas hasta el 9 de abril, que ahora prolongaré hasta el 26. Ya limpié los cristales y la cocina, mis armarios están irreconocibles, y los bolillos van viento en popa. Aún me queda: hacer mascarillas, terminar la colcha de ganchillo, amortizar Netflix, aprender recetas, terminar Las hijas del capitán... No sé si me llegará el tiempo.

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