David Palmas: «Es vergonzoso que la gente vaya a un campo de fútbol a insultar»

De las tardes en el Don Bosco hizo su profesión: hoy juega en el Noia Portus Apostoli


Santiago / la voz

Por mucho tiempo que pase, siempre hay un sitio al que regresar. Un pequeño paraíso escondido en el fondo de la memoria en el que volver a la felicidad de la infancia. Ese lugar, para David Palmas, es el Don Bosco. Y la tienda de la señora Carmen, que nutrió de golosinas a toda una generación de sampedreiros.

El centro juvenil es uno de los vértices de ese triángulo mágico por el que se ha movido David Palmas prácticamente toda su vida, que ha transcurrido en su barrio. «Cuando me hice profesional y tenía que entrenar es que también era casi San Pedro, porque cruzaba la avenida de Lugo y estaba en Sar en cinco minutos. No necesitaba coger el coche para nada. Mi vida se movía en este radio».

Ese es el lugar al que regresar de Palmas. Su barrio. El que tiene de todo. Mira por la ventana del Trasmallo y hace un recuento rápido. «Hay bancos, bares, supermercados, restaurantes, autoescuelas, gimnasios, salas de fisioterapia...» Y todo eso en cuatro o cinco calles, en las que ha crecido, de las que todavía guarda muchas amistades. En estos estados unidos de San Pedro, Palmas es de las Fraguas y de la Costa do Veedor. «Es que viví en los dos sitios», aclara con una sonrisa. «Me acuerdo siempre de salir del colegio y todos los fines de semana ir al Don Bosco y éramos veinte o treinta niños jugando siempre». Esa es una de las grandes diferencias que ve ahora desde la distancia -se casó y se mudó a Meixonfrío- en este San Pedro de moda en comparación con el de su infancia. De las tardes de juegos, con el paso de los años, acabó haciendo carrera. Desde los 19 años, David Palmas es jugador profesional de fútbol sala, actualmente en el Noia Portus Apostoli.

«El primer equipo fue mediante un padre de otro niño del colegio, que me vio jugar y me dijo que había equipos». Hacía segundo de primaria en el San Pelayo y fichó por el Victoria. Después vendrían muchos más: el Compostela, el Villestro, el Belvís. Y el Autos Lobelle, que fue el que le dio su primera oportunidad profesional. «También jugaba en el colegio en el Seminario -donde estudió secundaria- eso nunca lo dejé».

El fútbol base compostelano poco tenía que ver en los noventa con lo que hoy es. «Las cosas han cambiado mucho, se cuida más, está mucho más profesionalizado, digamos. Hay gente formada, con nivel, con cursos». En aquel entonces, quien entrenaba era alguien que tenía interés, «el padre de un jugador, por ejemplo». Y aunque queda trabajo por hacer, hasta la infraestructura actual es radicalmente distinta a la de hace veinte años: «Antes había que jugar en tierra, empantanados, hoy todos los campos son de fútbol artificial».

Hay, sin embargo, cosas que no han cambiado tanto. «Eso siempre existió y antes muchísimo más que ahora». A lo que se refiere Palmas es a los insultos en los campos de juego. «Es cierto que ahora se le da más visibilidad en los medios y la sociedad está más concienciada de que estas cosas no pueden suceder y sobre todo en campos donde hay niños, porque «la gente tiene que saber que en formación la competición no es lo más importarte, ganar no es lo más importante».

«Es vergonzoso que la gente vaya a un campo a insultar», especialmente en el fútbol base, pero es lamentable verlo en cualquier competición, también de adultos, también profesional. «Pasa, pero cada vez menos» ¿Afecta? «No afecta en lo profesional, porque estás jugando y que digan lo que quieran», pero eso sí, «te dicen que es parte de la profesión y yo creo que eso no es parte de nada».

Vale que hay cosas malas, como que hay gente que «va al campo y se transforma». Pero también tiene muchas cosas buenas. «Un deporte colectivo te da muchas cosas. Te enseña valores de esfuerzo, de sacrificio. Te enseña que los necesitas a todos para conseguir un objetivo, que hay que trabajar entre todos».

«La gente viaja más y hay muchos más turistas por todos lados»

 

 

«Santiago dio un paso adelante. Se ve por la cantidad de turistas». Ilustra Palmas su afirmación volviendo a Belvís, al arreglo del parque y de la Tafona. Y también a la peatonalización blanda de la Rúa de San Pedro. «Quedó muy bien, que cuando éramos pequeños, los coches para arriba y para abajo...».

-Hay quien dice que ya hay demasiados turistas.

-Seguramente los que tengan negocios en la zona vieja dirán que son pocos o que pueden venir más. Pero si viajas te das cuenta de que la gente viaja más y hay más turistas, pero en todos lados.

Es cierto que en San Pedro sí han cambiado mucho las cosas. «Antes era todo de andar por casa, antes salías e incluso iban en bata a comprar a la tienda» y ahora «cada vez hay menos tiendas tradicionales. A la rúa se le dio bastante bombo y se dio el paso para arreglar casas. Inviertes y como la gente quiere recuperarlo hay más hoteles, trae más turistas, hay menos gente del barrio... Bueno, todos los problemas que tienen en el casco histórico, que se van los vecinos». Esa situación «hace que suban los precios y a la gente que realmente es del barrio, sobre todo los que vamos creciendo, se les hace más complicado acceder a un piso como podrías acceder en otra parte de la ciudad».

Con todo, David Palmas ve oportunidades en todos los cambios que se han operado en la ciudad. «Cada vez vienen más turistas y eso es porque las cosas se están haciendo bien, Santiago atrae y es bonita». Vuelve a mirar a través del ventanal del Trasmallo hacia un día gris. Y piensa que las obras que acaban de comenzar en la avenida de Lugo y que van a reformar los Concheiros pueden ser otro empujón para Santiago.

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