Unos 800 mayores de la provincia activan su vida en las aulas sénior

Ofrecen cultura, formación, salud y ocio desde hace 40 años a personas con más de 50


santiago / la voz

El jueves, en la sede central de las Aulas Sénior de Galicia, los usuarios disfrutaban de las actividades programadas sospechando que, en breve, llegaría la orden de suspender las clases por la crisis del coronavirus. En efecto, la decisión de la Xunta no tardó en llegar al centro compostelano de Virxe da Cerca, pero hasta entonces, los alumnos se sumaron, con el interés que les caracteriza, a las clases de gimnasia e informática que tocaban ese día.

Como ellos, más de 800 usuarios en la provincia de A Coruña; un total de 1.108 en toda Galicia, repartidos en las sedes de Compostela, A Coruña, Ferrol, Padrón, Monterroso, Vilalba, Ourense y Vigo. Los mayores acuden a las aulas con la intención de activar su vida después de los 50, y a tenor de la vitalidad de la mayoría, parece ir cargada de razón la vicepresidenta de Ategal, Paula Sande, cuando dice: «Esto tendría que desgravar, porque la inversión en salud es un ahorro para la Seguridad Social».

Paula Sande, junto con el presidente de Ategal, Ángel Fagilde, y el resto de la directiva de la Asociación Cultural Galega de Formación Permanente de Adultos (Ategal) son los herederos de una cadena solidaria iniciada en 1978 por el padre jesuita Francisco Gómez, siguiendo el ejemplo de las Universidades de la Tercera Edad fundadas cinco años antes por Pierre Vellás en Toulouse (Francia). Fueron los pioneros del envejecimiento activo, una filosofía centrada en la calidad de vida de los mayores que ahora está muy extendida, pero que por aquel entonces empezaba a dar sus frutos con clases de memoria, gimnasia y cultura general para mayores que habían sufrido las penurias de la dictadura y que eran, en muchos casos, analfabetos e iletrados que, tras una dura vida de trabajo y crianza de los hijos, querían mirar por su salud y por su formación.

Socializarse e interactuar

Más de 40 años después, la filosofía sigue siendo la misma, aunque a los objetivos individuales se han sumado los beneficios colectivos, y las actividades se han adaptado a los nuevos tiempos con clases de idiomas, gimnasia terapéutica, informática, pintura, música, pilates, taichí, risoterapia, alimentación saludable... Todo ello repartido en cuatro grandes áreas: cultura, ocupación, salud y ocio. Ategal lo tiene claro: «Os nosos maiores xubílanse do traballo, pero non da vida».

El 35 % de la población gallega está en esa franja de edad, de ahí que la sociedad no pueda permitirse el lujo de prescindir de ese potencial. Por eso, la entidad no solo ofrece actividades a los mayores para mejorar su estado físico y su actividad mental, sino que favorece la relación con otras generaciones -muchos monitores son estudiantes en prácticas de las universidades- y fomenta la participación de sus usuarios en cursos y foros en los que pueden aportar su conocimiento.

En las mismas aulas en las que hace décadas se enseñaba a leer, hoy hay alumnos catedráticos que aprenden con la misma ilusión que los que no pasan de la formación elemental. «Estoy muy orgullosa de todos ellos», afirma Paula Sande. Y se le nota.

«Me acabo de jubilar y no quiero parar porque el tiempo es escaso»

Nada más jubilarse tras una vida trabajando como auxiliar de Enfermería en el Clínico, Teresa Pérez se matriculó en informática. «No quiero parar porque el tiempo es escaso», admite con prisa para hacer cien mil cosas a la vez. De hecho, tenía planificado irse de viaje y está fastidiada porque tuvo que suspenderlo. «Cuando tienes 40 años te parece que te queda todo el tiempo del mundo, pero no es así». Le interesan especialmente las clases de informática porque, aunque en su trabajo ya utilizaba los ordenadores, eran programas muy básicos y repetitivos. «Quiero perderle el miedo a las nuevas tecnologías, me interesa estar al día. Además, la cabeza es la parte que tiene que estar activa».

Su compañera Carmen Carballido comparte el argumento. «¿Qué me aporta la informática? Estar en este mundo», dice con rotundidad. Carmen participa también en un programa del Clúster Saúde de Galicia que ofrece tratamientos personalizados para cada usuario dependiendo de sus dolencias.

«No sé cómo estaría sin esto, yo vine incluso cuando tuve cáncer»

Natural de San Clodio, en Lugo, Juana Arias, Tita, se trasladó a Santiago hace más de veinte años para estar con su hija, y como no conocía a nadie, se matriculó en las aulas sénior, donde no tardó en hacer amigos. Lleva acudiendo puntualmente desde 1999, y está claro que le sienta bien porque tiene 92 años y nadie se los echa cuando se dobla en la colchoneta de gimnasia. «No sé cómo estaría sin esto -se pregunta-, yo vine incluso cuando tuve cáncer». Y tuvo tres, y los superó. Y no va solo a gimnasia, sino también a pintura, historia del arte y yoga. «Y al principio venía a más, venía a todo. Es una cosa encantadora».

Tita, que tiene una nieta y dos bisnietos, desconoce el secreto de su buen estado, aunque sospecha que algo tiene que ver su actividad permanente. «Siempre estoy haciendo algo, echando una mano con las cosas de casa, arreglando la ropa, cosiendo...». Sí, cose. «Con gafas, pero coso». Y viaja. «Con el centro o con amigas. El último viaje fue a Irlanda. Yo viajé por todo el mundo».

Ocho centros coordinados desde Santiago con cuatro sedes en el área de A Coruña

Aunque la central está en Santiago, las actividades de las aulas de mayores se reparten por ocho sedes en Galicia, cuatro de ellas en la provincia de A Coruña, que es la que suma más usuarios, al superar los 800 de un total de 1.108 matriculados en el curso 2019-20. El perfil de los alumnos es muy diverso, unidos únicamente por el afán de darles más vida a su vida, pero lo cierto es que, aunque cada vez se animan más hombres, el 80 % son mujeres. «Ese es nuestro reto, la incorporación de los hombres, que parece que no padecen o no sienten, cuando eso es mentira. Las mujeres son más participativas», asegura la vicepresidenta de Ategal. Tener más de 50 años, pagar una matrícula anual y una cuota por cada actividad en la que se participa son los únicos requisitos para sumarse. La matrícula y las cuotas varían dependiendo de las subvenciones que la asociación reciba de la Administración.

Santiago. Además de coordinar los programas y la administración del conjunto de las aulas gallegas, la sede compostelana lleva a cabo sus propias actividades; muchas, impartidas por alumnos de la USC, universidad con la que firma convenios de colaboración. Forma parte del Programa de Voluntariado Dixital de Galicia para potenciar el uso de las TIC. En el curso 2017-18 tuvo 215 alumnos y, el año pasado, 189.

A Coruña. Mantiene convenios de colaboración con la USC y la UDC para las prácticas de alumnos. Forma parte del Programa de Voluntariado Dixital de Galicia y trabaja en varias actividades conjuntamente con la Fundación Padre Rubinos, el Centro de Orientación Integral á Familia y el Centro Fonseca. En el curso 2017-18 tuvo 188 alumnos y el año pasado, 179.

Ferrol. Las aulas de Ferrol firman un convenio anual con la concejalía de Benestar Social para las clases de yoga y recibe una subvención del Concello para el fomento de la cultura a través del proyecto Historia da Arte. En el curso 2017-18 tuvo 110 alumnos y el año pasado, 120.

Padrón. Las aulas se integran en el programa de mayores del Concello. Colaboran con proyectos universitarios y con colegios e institutos de la zona, así como con CaixaBank para la estimulación cognitiva. Además de las clases en el centro social de Padrón, se imparten en Extramundi, Carcacía y Angueira de Suso.

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