Condenada una prostituta que robó 350 euros, un crucifijo y una medalla de la Virgen a un cliente

El hombre echó en falta sus pertenencias tras salir del piso y llamó a la Policía, que identificó a ambos


santiago / la voz

Los clientes que buscan los servicios sexuales de una prostituta acostumbran a buscar una discreción que les hace no acudir a la policía cuando son objeto de algún abuso salvo que sea muy grave. No fue el caso de un compostelano que no dudó en llamar a la comisaría cuando se dio cuenta de que la chica le había birlado sus pertenencias en un descuido, lo que motivó que finalmente ella y también su pareja fuesen condenados en los tribunales a seis meses de prisión. Ella por un delito de hurto y él por uno de receptación.

Los hechos se remontan al 15 de noviembre del 2016, cuando el denunciante acudió a un piso en el que fue recibido por la prostituta. Ambos accedieron a la habitación en la que ella prestaba sus servicios, se desnudaron y pasaron al baño para asearse. Él dejó sus pertenencias en la habitación. En concreto, su cartera con unos 350 euros dentro y varias joyas todas de oro: un crucifijo, una medalla de la Virgen del Carmen, dos alianzas y una cadena.

Tras el servicio sexual, que se produjo en la habitación y que duró aproximadamente media hora, el hombre abandonó la vivienda y fue entonces, cuando ya estaba fuera, cuando se percató de que no tenía ni el dinero ni las joyas.

Sospechó de la prostituta desde el primer momento, por lo que decidió regresar al piso y exigió inspeccionar la habitación en la que se había acostado con la mujer. No los encontró y ella tampoco le dio ninguna explicación, por lo que optó por llamar a la Policía, que acudió al piso y los identificó a ambos.

Tres días después, el 18 de noviembre del 2016, sobre las 14.20 horas, un hombre, que era pareja de la prostituta, acudió acompañado de otro a un establecimiento de compra-venta de objetos de oro situado en la calle Xeneral Pardiñas de Santiago.

Una vez allí, el hombre que mantenía una relación sentimental con la meretriz se quitó una cadena de oro que llevaba colgada al cuello y las demás joyas de oro que pertenecían al denunciante y se las entregó a la empleada del establecimiento, que las pesó y le pagó el precio que correspondía. Eso sí, utilizó al acompañante para formalizar a su nombre y con su DNI el contrato de compra-venta, servicio por el que le dio 30 euros.

Unos días después, el 24 de noviembre del 2016, el denunciante reconoció como suyas las joyas que el novio de la prostituta había vendido en el local de compra-venta de oro de la calle Xeneral Pardiñas de Santiago, y que fueron valoradas en 933 euros.

Fue entonces cuando la Policía Nacional intervino imputando a la prostituta y a su pareja el hurto de las joyas y su posterior venta. Por esos hechos, ambos acabaron sentados en el banquillo de los acusados del Juzgado de lo Penal número 1 de Santiago, que les condenó a seis meses de cárcel y al pago de las costas del proceso a partes iguales.

Los acusados presentaron un recurso de apelación contra la sentencia condenatoria, pero la sección compostelana de la Audiencia Provincial lo ha rechazado, confirmando el fallo.

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