De vivir el infierno a ayudar a otras mujeres

Zorel Ames restañó las cicatrices del maltrato creando la asociación Sella de ayuda a víctimas y escribiendo un libro en el que relata siete desgarradoras historias, entre ellas la suya propia


santiago / la voz

Quién mejor que alguien que ha vivido en el infierno para rescatar a otros de él. Zorel Ames cayó a uno muy profundo, maltratada por un hombre que la torturó psicológicamente hasta arrastrarla a un trágico intento de suicidio. Sin embargo, de ese mal trago renació muy distinta. Herida, sí, pero dispuesta a plantarle cara al que tanto daño le había hecho y de aprovechar su terrorífica experiencia para ayudar a otras mujeres inmersas en procesos similares. Fijó su residencia en Santiago y aquí creó la asociación Sella de ayuda a víctimas de violencia de género. Aunque las siglas no coincidan, lo que significa el nombre de la entidad es Ella es Libre. Justo como se siente Zorel desde que decidió mirar hacia delante. A su demonio lo ha conjurado escribiendo un libro que tituló Siete cerraduras y en el que narra su desgarradora historia y las de otras seis mujeres.

Zorel es peruana de padres españoles. Vivía en Lima con su hija y tenía un buen trabajo como jefa del departamento de recursos humanos de una empresa. Conoció a su maltratador a través de Internet. Ella quería ir despacio y él rápido. Al poco, se plantó en Perú para conocerla a ella y a su familia. Les engatusó con buenas palabras y gestos amables y, como a su madre le había gustado mucho, Zorel hizo caso omiso de sus reticencias y temores y dijo sí cuando él le propuso matrimonio. Sonó mucho más romántico de lo que acabó siendo, porque la boda se celebró ya en Galicia, por lo civil, y sin que se presentase ni un solo miembro de la familia del marido. Ni tan siquiera el amigo que debía de acudir como testigo. Una situación tan delirante como triste que fue el punto de partida de su bajada al averno.

Desde luego, lo que jamás habría imaginado Zorel es que acabaría encerrada en un pequeño piso de una localidad de la ría de Arousa. Sola, porque él desaparecía durante días alegando cuestiones de trabajo. «Nunca me presentó a sus padres, siempre tenía alguna excusa y me dejaba el dinero justo», recuerda.

Aquella relación no empezaba bien y lo que vino fue mucho peor. Infidelidades, tensión, mentiras y hasta violencia física. Zorel porta en su teléfono las fotos de aquella tragedia que les llevó dos veces al juzgado por otras tantas denuncias de violencia machista. Sin embargo, las dos acabaron en nada. Archivadas o sobreseídas porque ella llegó incluso a pactar con él «porque cuando llegas al juzgado no entiendes nada, estás muy medicada y solo quieres que todo termine», recuerda. En aquellos duros días, Zorel aprendió que una mujer en esa situación necesita mucho más que un abogado de oficio al que no conoce de nada. «En esos momentos necesitas apoyo, alguien que te guíe, te entienda, que no te juzgue y te arrope», explica. Y de ahí que se lanzase a crear Sella. La asociación atiende desde un grupo de Facebook, la página web www.asociacionsella.org, el correo electrónico info@asociacionsella.org y el teléfono móvil 621 048 950. «Pueden llamarnos a cualquier hora y desde cualquier punto de España», recalca. Además, cuenta con la colaboración del bufete de abogados Ancla, en A Coruña.

Las señales de aquella locura siguen a flor de piel y a Zorel se le atragantan los recuerdos cuando echa la vista atrás. En Santiago ha rehecho su vida. Encontró el amor de un hombre que la respeta, su hija ha podido continuar sus estudios y tiene trabajo. Eso sí, la batalla legal continúa porque ella le reclama un dinero que le entregó para poner un negocio y también considera que ha incumplido los términos en los que se selló el divorcio.

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