Marcial: «En O Muíño de Lermo póñense, entre semana, ata 300 chiquitas ao día»

SANTIAGO

XOAN A. SOLER

Hablamos con el dueño de la taberna de Vista Alegre, el local en el que el conocido grupo compostelano Novedades Carminha celebró «una de las mejores fiestas de nuestra vida»

16 feb 2020 . Actualizado a las 13:47 h.

«Desde que cambiaste de ciudad ya no paras por la de Marcial». Fue con estos versos cómo el conocido grupo compostelano Novedades Carminha quiso rendir tributo en su canción De vuelta de todo a uno de sus templos lúdicos y a un tabernero que con su carácter y ganas de pasarlo bien logra que perviva en Santiago uno de esos locales de incomparable ambiente donde comer, beber o jugar a la llave.

Nos citamos con Marcial Benito, capitán de O Muíño de Lermo, en el propio bar, contiguo al barrio de Vista Alegre y enclavado en un bello paraje que tanto permite disfrutar de la naturaleza a un paso del casco urbano como hacer un alto en el serpenteante paseo que acompaña al río Sarela. «Supoño que inflúe todo, dende o entorno, que non deixa de sorprender, ata a terraza, o viño e non sei se tamén o taberneiro», apunta con humildad el hostelero santiagués sobre la buena acogida de un establecimiento en el que ya se sentía a gusto como cliente.

Fue hace doce años, y tras la jubilación de Carmen Taboada, la gerente que abrió el bar en 1986, cuando se decidió a llevar adelante una de sus ilusiones. Hasta ese momento había sido agente comercial de marcas de ropa como Pierre Cardin o Lois, firma de la que fue representante comercial en Galicia durante nueve años. Tras naufragar estos proyectos, ayudó de forma temporal a un sobrino en el pub Norfolk, en Pelamios, hasta que un día tomando un vino en O Muíño de Lermo escuchó la opción de poder alquilar el local y llevar el bar. «Non dubidei. Sempre fun deste ambiente», indica sobre una nueva etapa que abordó sin cambios sustanciales en la decoración. «Isto é taberna, taberna e se a cambias lle quitas o encanto que ten», remarca mientras observa unas paredes que conservan éxitos del club de llave, envejecidos recuerdos del Compos o, fiel a su corazón colchonero, un banderín del Atlético. Cerca de la barra también se guarda uno de los aperos que atestiguan la larga historia de lo que ya era un molino hace más de 200 años.

«Isto é taberna, taberna e se a cambias lle quitas o encanto que ten»

Marcial Benito tiene claro que la clientela -«que maioritariamente é fiel; xa son amigos»-, tampoco anhela nuevas propuestas. «O fundamental é que o viño sexa bo. É o que máis valora a xente», insiste sobre el principal consumo de un establecimiento en el que, ya sea en taza o en copa, se pagan 70 céntimos por un vino de barril y 1,30 euros por el de Beade, el gran reclamo. «Entre semana, nun día bo, poden poñerse ata trescentas chiquitas ao día», suma Marcial. Sin titubear también responde a un tema siempre popular. «En Santiago tes que poñer tapa. Aquí se non a serves co viño, bótante fóra, mátante», defiende riendo mientras señala la pequeña cocina donde prepara «lentellas, fabada ou roxóns».

De lunes a viernes, la otra gran consumición, además del vino, es el café, «que sempre é de pota». Es el fin de semana, y ya con la ayuda de su mujer en los fogones, cuando el comedor se llena para recibir a una clientela que, por encarga, reserva su reclamada tortilla, churrasco o chuletón. «Houbo hai pouco unha celebración na que trinta persoas estiveron aquí de doce a doce. Puxeron música e bailaron. Foi un día precioso», comenta mientras evoca épocas pasadas. «Ao principio había moitas cantarelas. Lembro noites nas que todos rematamos cantando temas tradicionais. Agora iso perdeuse un pouco», recuerda con emoción mientras no olvida una de las celebraciones marcadas en rojo en estos doce años y que tuvo como protagonista a Novedades Carminha. Los integrantes del grupo, en declaraciones a La Voz, también la recuerdan como «una de las mejores fiestas de nuestra vida». «Foi un cumpreanos no que, incluso, contrataron a unha orquestra para tocar no sitio onde se xoga á chave. Foi impresionante», acentúa agradecido Marcial mientras explica cómo los músicos santiagueses tienen pasado muchas horas tocando la guitarra debajo de la parra del local. «Un día teño que pechar e ir a un dos seus concertos», promete, antes de cambiar de tema e incidir en cómo la hostelería invade mucha franja horaria. «Abro todos os días, salvo os luns. E merma estar aquí dende a mañá ata a noite», subraya.

Ya sobre el futuro, Marcial, de 62 años, aclara que en tres se jubila. «Aí si que farei unha festaza», avanza. ¿Y qué pasará con el Muíño? «Confío en que non o deixen morrer. Debería fomentarse máis isto. É o típico de Galicia», enfatiza.