Llega la fiesta con el carnaval del Ulla, las filloas y los grandes desfiles

Si alguna celebración trasciende a Santiago esta es la que precece a la Cuaresma, ya que para disfrutar de la propuesta más ancestral hay que recorrer la comarca y el rural de Compostela. También para saborear la gastronomía propia de estas fechas


 La comarca de Santiago, ampliándola en este caso a las tierras bañadas por el Ulla, disfruta de uno de los carnavales tradicionales de Galicia. Lejos del arraigo y de la implicación social de otras manifestaciones del entroido como el de Laza, la declaración de Festa de Interese Turístico para el Entroido da Ulla en el año 2013 supuso un antes y un después en una forma de divertirse antes de la llegada de la Cuaresma, que en estas tierras bebe de la historia de la guerra contra la Francia napoleónica del siglo XIX.

Fuera del Ulla, el carnaval se vive con defiles y comparsas, una forma de divertirse que destaca por su capacidad de convocatoria, especialmente en las cabeceras de comarca, con Santiago y Negreira como principales manifestaciones, aunque concellos como los de Ordes, Ames, Santa Comba, Padrón, Arzúa y Melide se afanen con éxito por entretener a los suyos.

El fin de semana del carnaval, que este año coincide en 22 y 23 de febrero, es el momento elegido en buena parte de los concellos para organizar los desfiles, que priman la participación ofreciendo generosos premios con los que se busca la presencia de vistosas comparsas, que en ocasiones tiran la casa por la ventana, además de la imaginación, para optar a estos galardones.

La gastronomía es otro de los pilares de esta fiesta y las filloas son las reinas, con sendas celebraciones, en A Baña (16 de febrero) y Boqueixon (1 de marzo). De los mismos ingredientes, pero con técnicas de elaboración y materiales distintos para su elaboración (piedra o hierro), surgen dos productos hermanos, cargados de matices.

La mejor guerra, la de los Xenerais, que solo ganan con la palabra

El carnaval, como el agua, no entiende de fronteras, y por eso el Entroido da Ulla vive en dos provincias y ocho concellos, eso sí, solo en el rural. Quizá por el impacto que supone el derramamiento de sangre, este carnaval reinterpreta la guerra de la mejor forma posible al convertir la palabra en la herramienta de la victoria (los atranques) y dotar a la indumentaria de la grandilocuencia e incomodidad suficiente para despojarla de cualquier espíritu bélico.

La vestimenta humaniza lo militar y da especial protagonismo al bicornio de los Xenerais, un sombrero que para los paseos a caballo puede ser más sencillo, reservando las plumas y abalorios de gran altura para el momento especial de los atranques. En ellos, la espada acompaña a las coplas, que tienen todo el protagonismo. Al igual que los Xenerais, los Correos también van a caballo, adelantándose a los mandos, con trajes igual de vistosos pero menos repujados.

Este carnaval no se entiende sin los coros, ya que en cualquier celebración del Entroido da Ulla hay un Coro de bonitos (niños y niñas), que suelen vestir trajes tradicionales, y un Coro de vellos (adultos), con disfraces variados. El primero canta coplas compuestas para la ocasión y el segundo, su temática es más incisiva, típica de estas fechas. Y todos forman una comitiva que recorre las parroquias ofreciendo coplas y vivas personalizados allí por donde pasan.

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