Lo de Santiago sigue al ralentí


Bien sabido es que las cosas de palacio nunca se caracterizaron por su celeridad. Y las que dependen de Moncloa provocan demoras exasperantes. Galicia en general, y particularmente Santiago, acumulan multitud de ejemplos. En el más alto plano protocolario ahí está el caso de la reunión del Real Patronato, un cónclave que se presupone determinante de cara a los fastos xacobeos y que no se reúne desde, atención, diciembre del 2003. Pero hay más. Los agravios en infraestructuras los encabeza esa conexión orbital de la que, más allá de la sucesión de compromisos, esta ciudad solo tiene la certeza de su perfil menguante. Resulta que el acceso de los polígonos del norte con la AP-9 y la autovía de Lugo que iba a costar 45,6 millones pasó a figurar después con una inversión estimada de 31 y parece que finalmente podrá ejecutarse por 25. Veremos. Después está la intermodal vinculada a los 3,5 millones de viajeros, un debate tan absurdo como la propia premisa que ha servido para enredar y que le costará a la ciudad no tener en el 2021 la estación de tren que merece. En todo caso, incluso el proyecto mejorado será del siglo pasado. Curiosa intermodalidad esta que prescinde de llevar el tren del centro de la ciudad con más tirón turístico del país a su principal aeropuerto. Porque ese viaje seguirá dependiendo de un transporte público muy mejorable en sus frecuencias. Y ahí siguen en lista de espera el asfaltado integral del periférico, las obras de remate de la rotonda de Conxo, la depuradora... Vivamos como gallegos. Claro que sí. Pero sin renunciar a tratar de vivir un poco mejor.

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