La restauración del baldaquino seguirá el ejemplo de la del pórtico de la Gloria

En primavera arranca la intervención, que incluye desde la desbiotización hasta la recuperación de la policromía


Santiago / La voz

Con la vista puesta en noviembre, mes en el que la Xunta anunció que espera dar por finalizadas las obras en la catedral de Santiago -con cierto margen de error antes de la entrada del año santo 2021-, están ya en proceso de contratación o a punto de estarlo las intervenciones que se fijados para el final dentro del plan director. Esta misma semana se sacaba a licitación la restauración del baldaquino, la última pieza en la que se actuará dentro de este largo proceso. La idea es iniciar en primavera la recuperación del ornamentado templete que corona la monumental estructura levantada sobre la cripta del Apóstol.

El plazo de ejecución es de seis meses, durante los cuales se llevará a cabo un minucioso proceso semejante (salvando las distancias) al del pórtico de la Gloria; en este caso sobre la madera policromada en vez de piedra.

El proyecto parte de un estudio de conservación de todo el conjunto. Se confeccionó un mapa de daños que ha servido para trazar las líneas de actuación para la restauración integral, la cual salió el miércoles a licitación con un presupuesto de 352.000 euros y un plazo de poco más de dos semanas para presentar las ofertas.

La intervención incluye diferentes tareas: desbiotización, consolidación, reintegración, reparación de los anclajes metálicos y recuperación de la policromía.

Conservación de cara al futuro

Afectará, en primer lugar, al baldaquino propiamente dicho -el cual se eleva sobre la figura central barroca conocida popularmente como el Santiago del abrazo- con sus característicos ocho ángeles tenantes a ambos lados; así como a las estructuras de madera del camarín en el que se realiza el rito del abrazo al Apóstol.

Además, una vez terminada la actuación en sí, al igual que se hizo en el Pórtico y otros ámbitos restaurados en la Catedral, se elaborará un plan de conservación preventivo de cara a preservar en el mejor estado posible este elemento central de la basílica. Es, como parte de la capilla mayor, de los más fotografiados. Y, aunque su intenso dorado y lustrosidad sigue sorprendiendo a visitantes y peregrinos, era necesario reparar los daños y afectaciones propias de la madera por la falta de mantenimiento.

En los próximos días se comenzará a trabajar en los frescos de la bóveda de la capilla mayor

En cuestión de días se empezará a trabajar en las pinturas de la bóveda de la capilla mayor. Supondrá el paso definitivo para recobrar los colores vivos que fue apagando el paso del tiempo y la falta de mantenimiento. La intervención arrancó hace ya un tiempo. La primera fase se completó en septiembre del 2018, tras unos minuciosos estudios previos y análisis para determinar la propuesta de intervención. El estado de los frescos, pintados entre 1604 (los originales de Juan Bautista Celma) y la década de 1760, era tan preocupante que exigió una actuación urgente para evitar la pérdida total de las decoraciones murales, afectadas sobre todo por el problema de infiltraciones que provenían de las cubiertas pétreas.

Quedan, a estas alturas, solo dos obras por contratar y en los próximos días se adjudicarán la restauración de la fachada de A Quintana y la de la Puerta Santa. En este momento, está prácticamente terminada la actuación en el interior de la catedral en los ámbitos de la nave principal y del brazo sur. Los trabajos se centran ahora en el transepto norte (da a la Acibechería) y en las cubiertas de la nave central, panda norte del claustro, fachada y torre del Tesoro.

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